Nada perdido

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Nada perdido

Quiero sacar tu esperanza de estas letras;
tu alegría, incluso,
si las lees.

Te digo: yo morí.
Y es cierto, varias veces.
Aún ahora estoy muerta
pero sé,
       tal vez porque tengo perspectiva
            ¡al fin!,
que nada importa.

Nada se pierde porque nada hubo.
Solo estuviste tú.
Y, mírate, ¿no estás ahora?

Si algo acabó, nunca empezó.
Por lo tanto, y ya que solo estás tú,
pareció ser un sueño.

Mírate de nuevo, estás aquí.
Y lo que eras es poder,
y los elementos fluctúan entre la paz
y la ilusión.

Estás aquí, libre, disponible.
Tienes la esencia y tienes el sueño.

Y parece que un mundo reclama tu presencia.
Pero, ¡ojo!, tuyos son tus pensamientos,
y estos son imágenes
de las cuales están compuestos los momentos
del mundo
que es tu vida.

Nada perdido.
Lo que nunca nació, siempre existe.

Sobre ello, tu voluntad ante los ojos.
Vístela de confianza, de esperanza
y vive la realidad que brota de tus anhelos,
para que nazca.

Disfruta, porque cuando parezca morir
se estará, simplemente, desintegrando
en su esencia,
      que es La Esencia,
       lo que Eres
       eternamente.

            Sin fin.


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Realidades y sus narradores

La Realidad tiene un narrador omnisciente en primera persona (todo es ‘yo’).

La vida tiene un narrador interno protagonista en primera persona. Y otro. Y otro, y otro y otro…

Cada uno de ellos llama «realidad» a su perspectiva narrativa personal.


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La ilusión requiere esfuerzo

Todo esfuerzo es, siempre, para mantener la ilusión.

La realidad no requiere nada.

Graciela Bárbulo
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Interpretación = Realidad

Category : FotoFrases

Solo sucede lo que tú interpretas.

La interpretación crea el argumento.

Graciela Bárbulo
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El pasado es maleable

La realidad es volátil como duna en el desierto.
El pasado es su espejismo.

Graciela Bárbulo
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Esta realidad

Esta realidad es verdad,
pero,
del mismo modo que el personaje proyectado sobre una pantalla no puede decidir nada acerca de sí mismo,
esta realidad
no tiene poder.

Sin embargo,
tú eres la luz que se proyecta y,
más allá,
la idea
y la elaboración de lo proyectado.

Siempre.

Graciela Bárbulo

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Modificar el propio mundo

Este mundo está conformado por imaginación.  No solo la de cada cual. Todas las mentes se mezclan.

Yo puedo crear desde mi imaginación cosas nuevas en él a voluntad, pero tengo que persistir hasta que la sustancia creada por mí sea más potente que la colectiva.

Lo más accesible para mí es mi mundo privado, y su creación debe realizarse también en privado o con otra mente con la misma proyección.

La mente crea la forma, pero la vitalidad de esa forma se construye desde la emoción que inspira.

La sensación corporal de vivirla, la precipita hacia la materialización. Entonces tenemos todo ello en esta dimensión, de manera que lo creado desde mente, emoción y sensación nos permite la realización de eso mismo, pero ya a través de los sentidos.

La mente es eléctrica. La emoción, magnética. Y la sensación, vital. Todo ello unido crea lo que consideramos realidad, a través de la dualidad de la tercera dimensión.

¿Qué deseas modificar en tu mundo?

Graciela Bárbulo


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Parpadeo de la Realidad

«El universo se enciende y apaga en términos de conciencia.»

 

Es verdad que estudiar y practicar insistentemente algo nos puede llevar al dominio (o a la excelencia) de esa materia. Pero mi experiencia a nivel espiritual ha sido diferente. La insistencia en la práctica de este objetivo nos acerca a una puerta en la que se nos muestra algo inesperado. No se trata de ser un genio en eso, sino en ir elevando el nivel de vibración hasta entrar en aquello con lo que ni siquiera contábamos, algo que no buscábamos, y sin embargo se nos muestra. Hablo de encontrar eso de cuya existencia no teníamos conocimiento previo. Esto puede llegar a ser confuso, pero tiempo al tiempo…

En una época de mi vida tuve la suerte de tener entre mi grupo de amigos, no tanto a personas espirituales (que también), sino a personas inquietas con el reconocimiento de que esta realidad no era la base de La Realidad. Hablábamos y practicábamos sanación energética, asistíamos a charlas y cursos sobre diferentes vertientes de la metafísica, y nos reuníamos para compartir experiencias.

En un momento dado, después de haber devorado «El Libro de Oro», de Saint Germain, y mientras leía, igual de vorazmente, la primera parte de «Un Curso de Milagros», tomé la costumbre de realizar la respiración alterna todos los días. Al poco tiempo comenzaron a surgir imágenes en mi mente, tan obvias como la realidad, imágenes de las que nunca desentrañé claramente el significado, pero ahí estaban, surgían de la nada de diferentes maneras: se plantaban ante mí o se mostraban a través de un agujero de luz que se iba abriendo lentamente, como si diera paso a otra dimensión, y mostraban, siempre, seres y objetos que parecían estar hechos de luz, repletos de brillos dorados.

Pero lo que más me sorprendió, que rápidamente compartí con mis amigos de ejercicios-experiencias, fue algo que me sucedió en un momento inesperado y de la manera más insólita. Se trataba de un modo de percepción de la realidad diferente al que hasta ese momento había experimentado. Iba conduciendo mi coche, sumergida en mis pensamientos, camino de mi casa desde el trabajo cuando, parada en un semáforo en rojo, miré hacia lo lejos y vi todo el escenario de actividad de la avenida en fotogramas. Las imágenes no eran continuas. A través de unos espacios de espacio-tiempo mínimos, podía percibir que todas las imágenes eran estáticas, pero se sucedían unas a otras de forma congruente, de manera que podía, uniéndolas secuencialmente, crear la sensación de movimiento. Es decir, el mundo no se mostraba como un continuum, sino como una serie de imágenes estáticas a las que mi consciencia, para dotar de significado, daba continuidad.

Cuando arranqué el coche, seguí mirando el escenario, y se mantenía igual. Al momento giré a la izquierda y todo se desvaneció.

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La vida volvía a ser como siempre. Pero yo ahora ya sabía que todo era cuestión de percepción, y no tenía por qué ser más válida la que hasta ese momento había tenido, la misma que todo el mundo mostraba tener.

Claro, llegué a casa y llamé rápidamente a mi amiga más ducha en experiencias extrasensoriales, pero creo que ni siquiera prestó demasiada atención. Sin embargo, yo sabía que había tomado contacto con algo real.

Más detalladamente, porque estas experiencias van acompañadas de determinados tipos de concepción, lo que percibí a nivel de consciencia (no visual) fue el Espacio que existe entremedias de cada fotograma. Me percaté de la pantalla, el espacio virgen sobre el que se sustentaba cada imagen. Este espacio era la naturaleza de la creación misma. ¡Y yo había tomado contacto con él! Este espacio, que como piezas de puzzle mal engarzadas, mostraba la esencia del Espacio Creador en el que todo estaba ubicado, al presentarse ante mi percepción me estaba informando de que estaba a mi disposición. Y, como tal, a disposición de todo aquel que diera por válida su realidad.

¿Y qué significa esto?

Pues bien, nosotros creamos cada escena como consecuencia de la escena anterior. ¿Quién piensa que cuando un hombre se tira al agua va a salir volando? Todos sabemos que cuando esto sucede, el hombre, en primer lugar, se moja, y, o nada o bucea. Entonces, nosotros creamos cada fotograma, cada trazo de realidad en función de la lógica. Pero este mecanismo es aprendido. Podemos cambiarlo, sí. Aunque, ¿hasta qué punto?

Bien, yo puedo, porque solo a mí me concierne, aplicar una nueva percepción de realidad no lógica; es decir, implantar una nueva diapositiva, y sus secuencias elegidas por mi voluntad, a algo que me afecte a mí, y solo a mí. La cuestión para hacer una modificación que afecte a la percepción de otro, o más aún, grupal, social… depende de la percepción del conjunto. Y aquí, Sancho, con la iglesia hemos topado.

La cuestión es que estuve muchos años queriendo comprender qué había sido esta percepción, buscando, leyendo a los grandes seres ascendidos, advaitas, yoguis, cuánticos…, y nunca encontré información sobre el tema.

Y ahora, de golpe, me entero de que esto se llama «Parpadeo de la Realidad». Y que científicos, yoguis, rishis, lo conocen. Y que lo definen así: «El universo se enciende y apaga en términos de conciencia, muy rápido, como un shift parpadeante».

Parpadeo fotogramas mente

¡Sí! Eso es. No sé cuánto dura. No sé por qué lo he visto; seguramente porque ralenticé mi nivel de percepción al trabajar con la respiración consciente, marcando sus ritmos y recorrido, mientras adentraba en mí conceptos que desestructuraban esta realidad como algo que es por defecto. Pero no me lo esperaba. Fue un regalo, un regalo divino. El regalo de la Esencia sobre la que se crea la aparente realidad, como algo a mi/nuestra disposición. No es necesario ver los fotogramas prediseñados (esto mantiene la ilusión). Es posible, está a nuestra disposición, percibir la materia prima de estos fotogramas, y crear de este modo la realidad que queramos.

¿Cómo hacerlo? ¿Quién dijo «fe»?

Si te paras a pensar de manera lógica, todo esto que existe surge, o de algo o de la nada (no hay otra). En ambos casos podemos tener acceso a ello. Porque en esta situación, el algo se nos ofrece, y la nada se nos muestra como potencial, es decir, como otro algo.

Si todo esto que percibimos, y el modo en que lo hacemos, está creándose a partir de nuestra conciencia inconsciente, ¿qué pasaría si aplicáramos nuestra conciencia consciente y creáramos a voluntad las imágenes en nuestra mente, las que deseemos en nuestra realidad?

¿Qué se necesita? Yo doy aquí cuatro ingredientes: Fe (a falta de experiencia o lógica), Imaginación (visualizar, y visualizarse por encima de toda falta de autoestima aprendida que nos envíe información de que no es lógico, o que no lo merecemos), Sensación (sentir la emoción vinculada a la imagen de nuestra mente) y ¡Constancia! Que no te venzan las realidades que se te muestran constantemente. Si ellas lo siguen haciendo es porque tienen más fuel (todavía) que las nuevas que estás implantando. Pero al dejar de prestarles atención en favor de otras imágenes nuevas, ¡garantizado!, las cambias.

La realidad, por tanto, está predefinida. Pero siempre y cuando nuestra voluntad no actúe a favor de un rediseño. Está en nuestra conciencia: la realidad está en nuestras manos.

 

 

Graciela Bárbulo


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Una vida en la yema de los dedos

De nuevo, una noche más, atrapada en el abismo de su mente.  

El pasado, en este presente, configuraba un futuro incierto. El terror se llamaba crisis de pánico. La soledad era frío en los huesos y dolor en las mandíbulas.

Pero había un presente previo, aquel de luz, risas, inconsciencia y logros cumplidos sin duda. Todo era logrado por aquella chica que no dudaba que sería así. Todo. ¿Sería esa la clave? ¿Sería la realización un proceso que se deslizaba ante los sentidos cuando no invadía su fluir el obstáculo de la duda?

¡Cuántas veces había visto tan claro su deseo, sin interferencias! Tantas como lo había logrado convertir en realidad. No había sido consciente, pero ahora advertía que esa era la diferencia entre aquel tiempo y este; esa era la clave.

Así que cogió el portátil y, tal y como estaba la habitación, fría y sin luz, lo puso sobre la manta que cubría sus rodillas mientras se incorporaba colocando un almohadón tras su espalda, y comenzó a escribir.

Estaba claro. Se trataba de buscar un encuentro con la liberación de aquel crudo proceso que estaba viviendo en su mundo emocional. Y, aún más, de provocar un encuentro con una buena entrada a otro mundo maravilloso. Un mundo que pudiera dar soporte a quien se había demostrado tanto tiempo antes que era ella, donde pudiera desplegar sus mejores sonrisas, sus más ardientes vivencias. En fin, donde sentirse viva.

Unas noches atrás se le había ocurrido la idea de desplazar mentalmente la visión de su anhelo actual hacia el pasado, provocar la sensación de que había avanzado en el tiempo respecto del logro, de forma que todo aquello ya habría sido superado, con la finalidad de averiguar qué cambiaría si pudiera realizarse el desenlace. Pero se perdió en la búsqueda de una identidad para posicionarse en el objetivo, y el proceso de visualización se diluyó. Ahora haría lo de siempre, escribir, pero imprimiría a sus textos un único objetivo: una solicitud. Era fácil, como escritora, descubrir lo difícil que resulta seguir un guión, cuando las teclas comienzan a danzar, para plasmar un argumento. Por lo tanto, en este caso sería el propio texto el que se definiera a sí mismo. No había guión, sólo un punto de partida y un final. Ese era todo el esquema con el que contaría aquello que podría convertirse en una novela, un relato o.. ¡quién sabe! Y qué más daba. No iba a ser algo escrito por ella a través de sus manos, sino algo escrito para ella a través de sus manos. Así que, en total oscuridad, con la única luz de la pantalla y la ilusión, los dedos comenzaron a machacar las teclas, una tras otra, a veces más deprisa, a veces a trompicones. Alguna vez, simplemente, parando y regalando a la imaginación una imagen para pedir ayuda.

Todo era perfecto. Un nuevo proyecto. ¿Un texto? ¡No!, una vida. Una vida desde la cual salir de la vida a su tiempo y amablemente.

 

Graciela Bárbulo


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A veces la realidad se hace transparente

A veces se transparenta esta realidad de los sentidos, y en ese instante puedo percibir el mecanismo que la genera.

Es entonces cuando sé que puedo intervenir en mi vida.

Graciela Bárbulo