Donde el error no existe

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Donde el error no existe

Category : Poesía

Vente a vivir conmigo,
donde el error no existe
y la ilusión del mundo es
una carcajada.

Vente a reír conmigo,
a depurar los sueños
y sanar la mirada.


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Cuando al fin

Cuando al fin venció el terror
y se atrevió a mirar a sus demonios,
descubrió que ellos,
aterrados,
no se atrevían a mirarle.


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Solo pan, gracias

Cuando mi hijo tenía unos tres años, se bajó (con ayuda, por supuesto) de la trona en el restaurante donde estábamos comiendo para pedir algo a la camarera. Ella ni se percató de su existencia, así que el pobre quedó sin respuesta tras varios intentos. En cuanto se dio por vencido, se sentó de nuevo y nos dijo: «No me quiere porque aún no me conoce».

Un amigo que ya tenía dos hijos, me dijo un día «Date cuenta de que tú para él eres el mundo». Aquello no fue una simple frase; recorrí en un momento escenas de mi infancia y su relación con vivencias de mi edad adulta. Ahí estaba. Aquello era el mundo, y siempre lo sería.

Lo que quiero decir es que de lo que nos sentimos abastecidos cuando el mundo es nuestra madre es lo que consideramos que nos pertenece. Y, de alguna manera mágica, atraemos a nuestra vida, de forma natural, todo aquello que fue así de natural tener en la infancia.

Todos tenemos derecho a ser abastecidos por la vida de forma que cada una de nuestras necesidades, y más, nuestros deseos, se cubran con naturalidad, pero eso no siempre ocurre. No. No estoy echando tierra sobre nadie, y mucho menos sobre una madre, que lo soy y sé de qué se trata. Pero, ahora que ya está todo hecho, ¿no podemos darnos cuenta que todo es un juego de expectativas?

Uno ni se plantea que no vaya a tener eso que le ha sido demostrado que le corresponde. Aprendimos que aunque demos caca, tenemos teta, aunque demos berrinche, nos empujan el columpio.

Todo eso es natural, ¿no es así? ¿Quién, que lee esto, no lo ha tenido? Probablemente todos nosotros hemos cubierto esas necesidades. Sin embargo, ahora, ¡qué curioso!, falta dinero, falta amor, falta apoyo, falta consuelo. Nadie empuja nuestros columpios. ¿Qué pasó?

Una espada parece haber cortado nuestro vínculo con el abastecimiento primordial (y natural). Esa espada tiene muchas aristas que se conjugan en un único filo: el inconsciente colectivo.

Ya puedes haber decidido que no lees prensa, que no ves tele, que no te tragas el cuento de las revisiones (¿eres mujer?) ginecológicas forzosas… Pero un día bajas a por el pan y ¡ahí está!, el comentario de la panadera, directo al subconsciente, «Con esta crisis… ¡Porque, que la hay, la hay, y bien gorda!, y sin dinero para las pensiones, y el paro creciendo… Los chavales no tienen futuro; no sé qué va a ser de ellos, están abocados al fracaso». Una barra de pan que te ha costado una vida entera.

¿Cuándo te das cuenta de que el corte entre tus derechos y la apariencia de tu propia vida estaba en una esquina del cruce dos calles más abajo?

No importa cuándo, porque tú sabes que, si algo existe y es bueno, te pertenece. Lo que cualquiera divague sobre ello, le afecta a sí mismo. Tu oración es otra, la misma que bajó contigo del coche como quien lo hace del columpio, así que no te la dejes en la panadería. Más bien dale, como mínimo, un buen trozo de miga arrancado de ese pan que calienta tus manos y huele a gloria.

Graciela Bárbulo

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Lo que hay

Me quemaba la ansiedad. No pude decir una palabra. Solo nos miramos.

Acercó su mano a mi pecho y plantó sobre él su palma. Un dolor profundo me invadió mientras él sujetaba mi espalda cuando mi cuerpo se desvaneció. Finalmente, abrí los ojos y le miré desde un espacio vacío, liviano. La opresión se había ido.

Entonces, alejó su mano y me la mostró, abierta. Un mundo de humo flotaba sobre ella. Miré atentamente y pude distinguir movimiento denso, como si todo se desarrollara dentro de lodo. Aquello había sido antes aire puro, pero un montón de ideas tercas se habían congregado para espesar el espacio. Fijé la vista y me vi a mí misma empujando mi cuerpo sin destino, desnuda, embarrada.

Me dijo: «sopla».

Yo me reí.

—Sopla— repitió. Él no se reía.

Miré de nuevo aquella forma que se contraía y se expandía, y soplé. Mi aliento era luz. El mundo se iluminó. Soplé de nuevo, y vi cómo se iba desvaneciendo en su mano todo aquello. Cuando entendí que eso no era nada, soplé de nuevo, y desapareció.

Me mostró su mano y me dijo: «aquí nunca hubo nada». Señaló mi cuerpo y me dijo: «ahí nunca hubo nada».

—Aquí, ¿hay algo?— pregunté mirando al suelo.

—Eso es lo que hay— contestó.

Graciela Bárbulo

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Infinitas Posibilidades

Era una sombra dentro del límite de su horizonte.

Pero un día se asomó al exterior y vislumbró

el universo de infinitas posibilidades,

mientras reconocía

que siempre había estado allí.

 

Graciela Bárbulo

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No vivas en tu mente

Category : Poemas

No vivas en tu mente.
Ella te abastecerá de recursos que sirven únicamente a ella.
Te dará sensaciones, deseos, objetivos, anhelos, inquietudes…
para que los alimentes y le des sentido
a ella.

Te llenará también de orgullos, miedos, resquemor, odio, y dividirá en dos el mundo.

Pero tú no eres nada de todo ello.

Obsévala desde fuera.

No entres en tu mente.
Y si entras, no eches el cerrojo
porque un día, harto de sentir el vacío que es,
tendrás urgencia por salir
y volver a tu esencia,
a casa,
olvidando para siempre que aquel lugar nunca existió.

Graciela Bárbulo

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Todo mi amor

Le entregué todo mi amor.

Por eso, cuando me dio la espalda,
recogí velas
y el viento

(ahora libre)

de mi propio amor

me inundó.

Graciela Bárbulo

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Desconfiguración del mundo

Cuando ya no lo esperaba, apareció

y dijo: perdóname.

 

Entonces, mi rencor se apagó,

el mundo se desconfiguró y solo

quedamos él y yo.

 

Y luego, nadie.

            Sólo Amor.

 

Graciela Bárbulo

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Tú sabes cómo es esto

Tranquila, amor, tú sabes cómo es esto.

No desfallezcas.
Estoy a tu lado, pero no me ves.
No puedo recogerte y traerte
aún
conmigo,

pero cuando sientas que ya no queda aire
ni para un último suspiro,
te dejarás llevar,
y sucederá lo que aún no crees.

Será tu última caída,
que, libre de anhelos, de emociones, de criterios,
de rencores,
carecerá de gravedad.
Y en el último abandono,
sin el peso de tu identidad, no caerás finalmente.

Te elevarás,
atravesando el espacio ya vacío,
limpio de miedos.

Antes de terminar el viaje
comprobarás que siempre te he esperado,
para darte un abrazo infinito
del que no despegarnos, para seguir,
juntos,
el camino hacia la aurora.

Graciela Bárbulo

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Despertar

Cuando tú estás en un sueño y te preguntas cómo has llegado a esa situación, te despiertas.

Del mismo modo, cuando tú te preguntas cómo has llegado a la propia vida personal, Despiertas.

La cuestión es que Despertar no es un escalón que nos conduzca directamente a la Liberación. Con frecuencia, nos lleva a otro escalón, y este a otro; y cada uno de ellos nos aleja más del momento de partida, pero no sabemos a dónde nos acerca.

Sin embargo, ya no hay retorno.

En el mismo acto de hacerse la pregunta radica el Despertar.

Preguntárselo y Despertar son una misma cosa. Una vez aceptado por la mente, la cuestión no es que ésta se desintegre, sino que su argumento se despersonaliza. Este proceso, el yo individual lo interpreta como una especie de muerte.

Pero más allá de ello, resurge, paulatinamente, la Verdadera Identidad, que consiste en una Re-conexión con todas las identidades escondidas de sí mismas tras una apariencia individualizada.

Graciela Bárbulo