La Corrupción desde el punto de vista espiritual

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La Corrupción desde el punto de vista espiritual

Por Graciela Bárbulo

 

Si tuviera que escribir un artículo sobre la corrupción en el mundo, comenzaría diciendo que no hay tal corrupción, incluso que no existe dicho mundo.

Me explico.

Cuando admiramos un cuadro, nos movemos frente a él. Nos aproximamos y nos alejamos a fin de apreciar su sentido y sus detalles. Si nos acercáramos mucho, podríamos distinguir los trazos, y si nos acercáramos aún más incluso percibiríamos la textura de la tela. En estos momentos, ¿dónde está el cuadro?

Del mismo modo, cuando vamos ampliando más y más una imagen digital en nuestra pantalla, llega un momento en el que la imagen se pierde y solo se aprecian los píxeles que la componen. ¿Dónde está, entonces, la imagen?

El primer principio de El Kybalión (documento que resume las enseñanzas del Hermetismo) nos dice que «el Todo es Mente; el universo es mental». También, la doctrina Advaita (No-Dualidad) nos dice que no hay otro, que todo es Yo. Por otra parte, muchas enseñanzas de la Nueva Era nos animan a Co-Crear (crear con: el espíritu), para poder construir así nuestra realidad personal. Esta doctrina lleva implícita la aceptación de que somos nosotros los únicos responsables de lo que nos sucede.

No opino de manera diferente a la nueva filosofía espiritual cuando afirma que lo que vivimos en nuestra vida es la expresión de nuestra realidad interna.

Entonces, la pregunta que surge de inmediato es: ¿soy yo responsable de la guerra, de la corrupción, de la manipulación de las élites? Dejemos la respuesta en suspenso para afirmar que, seámoslo o no, si todos estos conceptos no forman parte de nuestro mundo interior, por más que existan ahí fuera, no nos afectarán.

Y ahora, vamos a abordar la cuestión: ¿soy yo responsable de lo que ocurre en el mundo? Para responder, me veo en la necesidad de realizar otra pregunta: ¿quién es «yo»?

Supongamos por un momento que aceptamos que el universo es mental. Todo es mente. Lo que sucede ahí afuera está en una mente inmensa, tanto que tú lo percibes, él lo percibe, yo lo percibo. Ahora bien, ¿de qué está conformada esa mente global, sino del conjunto de mentes individuales?

Pongamos una imagen a esta idea. Imaginemos que una serie de niños está haciendo pompas de jabón con diferentes productos. Cada niño, con su juguete, hace su pompa, y todas ellas se alzan al vuelo, unas hacia otras, fusionándose hasta que llega un momento en el que solo existe una gran pompa.

 

 

Lo que ha sucedido en este proceso es que todas las pompas, independientemente de su procedencia y naturaleza, se han convertido en una sola. La pompa de jabón de cada niño ha perdido su identidad en favor de la unidad. Ahora todas las mentes han creado una gran mente, un mundo, que es de todos.

Sin embargo, cuando cada niño siga jugando en solitario con su juguete, solo podrá usarlo para crear la pompa del jabón específico que haya elegido, y solo este material será el que afecte a su entorno personal, al aire que respira.

Por analogía, nos encontramos con que todos somos parte de lo que observamos, y por lo tanto también somos parte de la corrupción del mundo. Pero esto no implica que debamos ser víctimas de ella. El producto con el que juegue cada niño será el que determine su entorno, incluso se derrame sobre él, pegándose en sus labios y pasando a su organismo.

Cada uno traga lo que cada uno sopló.

Yendo un paso más allá, cuando el juego termina y ya no hay más pompas, cuando no estamos en la mente, ¿qué es lo que queda?, ¿dónde está el cuadro que compartíamos?

Y aquí me dirijo directamente a la cuestión de modo más desencarnado. ¿Qué pasa si yo no me involucro, ni emocional ni psicológicamente, con lo que está sucediendo en el mundo? ¿Qué sucede con lo que existe cuando no lo miro, cuando no lo toco, no lo huelo? ¿Existe realmente?

La física cuántica determina que los parámetros de la realidad nanoscópica se generan a partir de su observación. Trasladado al mundo macroscópico, esto significaría que lo que no existe para mí, no existe. Un amigo muy sabio me dijo una vez que el suelo se formaba bajo sus pies cuando él iba a dar un paso.

Sí, en este mundo que percibimos con los cinco sentidos existe corrupción, y muy gorda. Pero también existe una vía de escape de sus efectos. Los cinco sentidos sirven para distorsionar la realidad; lo que percibimos a través de ellos es estrictamente personal (aunque, eso sí, trasferible, ya que todas nuestras mentes están comunicadas a través de ellos; pero personal).

Es cuestión de intención; el logro se consigue casi como resultado directo de esta intención. Intenta percibir, desde cualquier situación física, anímica o psíquica en la que te encuentres, lo que no puedes alcanzar con los sentidos. Tal vez la mayor resistencia para llevar a cabo este intento sea la negación del ego. En ese caso, si puedes aceptar que un algo te dice no mientras otro algo te dice ¿por qué no?, anímate y hazle caso al segundo, porque será el único que te puede abrir las puertas del éxito. Entonces, dejando de lado ego, percepción sensorial, incluso expectativas, intenta «Percibir».

¿Qué existe en ese lugar al que pretendemos llegar? ¿Encontraremos de nuevo algún conflicto?

No lo hay, te lo garantizo. En ese lugar está lo previo a cualquier conflicto, el silencio anterior al ruido, la paz anterior a la guerra, el espacio vacío de todo cuerpo compacto.

Y en ese lugar estás tú, libre de lo que hasta ahora te ha aquejado.

Ese tú es el «Yo» que realmente eres, fuera de burbujas, fuera de normas, ruidos, juicios, dolor, sufrimiento.

Y ese «Yo» es lo que realmente, detrás de toda apariencia de persona, de problemas, de preocupaciones, de estrés, de fracasos… Eres.

Por todo ello, porque sé que lo que nos ocupa en el desarrollo de este tema es producto de lo que no es nuestra verdadera naturaleza, me vería completamente incapaz de escribir un artículo sobre la corrupción en el mundo.