Todo el mundo está en su Aquí

Todo el mundo está en su Aquí

No existe un escenario en el que estemos todos.

Cada cual tiene su propio escenario personal.

Cuando tú estás con otras personas, crees que ellas están ahí contigo. Sin embargo, cada una de ellas está en su propio Centro, en su escenario personal.

De tal forma, tú sólo percibes el reflejo de ti en cada persona, y para cada persona representas el reflejo de sí misma.

Cada cual mete al otro en su escenario; es decir, en su «punto de fuga».

Pero nadie está ahí enfrente.

Todo el mundo está en su «Aquí».


Sal de la encerrona de la Inconsciencia

Sal de la encerrona de la Inconsciencia. En ella están la soledad y el miedo.

 
 
El ego es la identificación con los sentidos.

Todo lo sensorial es privado.

El mundo de los sentidos es nuestra burbuja de individualidad. Es en él donde se desarrolla el karma.

El mundo de los sentidos es el velo de la ignorancia. Y su manipulación configura la Matrix.

Pero no somos sus víctimas; podemos elegir.

La elección se da entre dos opciones: Dualidad y Unidad.
 
 
La dualidad pertenece al mundo de los sentidos. Lo sensorial demarca cualidades que implican que lo percibido cobre una naturaleza material. Así, nos movemos entre: lo deseable y lo indeseable, lo justo y lo injusto, lo bonito y lo feo…

Pero estas cualidades ambivalentes son la proyección de una dualidad previa, que viene demarcada por el concepto de «yo» y «el otro» o «yo-lo otro». Es decir, dentro del mundo de los sentidos necesariamente ha de emerger un «yo» que perciba, y desde este foco de percepción se define, en primer lugar, lo que es «no-yo», y, posteriormente, y dentro de este concepto dual, lo que es afín y lo que no lo es (bueno, malo…).

Este mundo sensorial es una creación subjetiva y, por lo tanto, solitaria. Nadie más que yo percibe lo que yo percibo, porque solo yo uso mis sentidos. De este modo, y porque la búsqueda de unicidad es inherente a toda vida, buscamos la unión con todo aquello que consideramos favorable, y lo llamamos «bueno», mientras que «malo» sería todo aquello con lo que no somos capaces de edificar un nexo.

Desde este mundo sensorial/dual/material, nos comunicamos con el reflejo de otros mundos igualmente sensoriales/duales/materiales. Entonces, de nuevo, oscilamos en la dualidad de unas circunstancias que no son estables. Una bonita relación un día se convierte en mala o se termina, porque se ha tambaleado en la secuencia de coincidencia. Es decir, se ha realizado dentro de los términos en los que había una sincronía de ambas partes, en donde las dos han podido hacer coincidir sus vibraciones. Una vez que estas vibraciones ya no coinciden, la relación del «yo» con «el otro», o «lo otro», termina.

Las coincidencias de los sentidos han terminado.

En ese momento, configuramos el concepto «tiempo».

El tiempo, entonces, se define únicamente a través de circunstancias que vienen determinadas por la percepción sensorial, y por lo tanto tienen un principio y un final.
 
Sin embargo, existe una realidad que trasciende la percepción subjetiva. Fuera del mundo de los sentidos, el «yo» deja de existir, con lo que no existe el “no-yo” que se configuraba como su opuesto. Es decir, al no existir un «yo», no existe un foco de percepción. Al no existir este foco de percepción desde el «yo», nada tiene cualidades subjetivas. Nada depende de los sentidos. Todo, simplemente, es. Y lo que pudiera ser «yo» es el Todo.

Ahora estamos en la realidad sin percepción, sin sentidos, sin subjetivación. No existe un «yo» y un «lo otro», un «bueno» o un «malo». No hay cualidades. Todo es Uno.

La búsqueda se ha terminado, porque la separación ha desaparecido.

No hay procesos, no hay circunstancias, porque no hay cualidades personales; por lo tanto, el tiempo no existe.
 
 

Haz memoria… ¿Qué cualidades han definido tus momentos más perfectos? Si piensas con sinceridad, te vas a dar cuenta de que tales momentos han sucedido cuando se había eliminado todo límite entre «tú» y «lo otro», incluso cuando no has sentido un yo… ¿No es así?
 
 
La elección, entonces, se da entre venerar lo sensorial (dual-material) y su confrontación intrínseca del «yo» con el objeto (el «no-yo»); o bien salir de la percepción sensorial.

Detrás de toda percepción de los sentidos, del otro lado de toda percepción de objeto alguno, incluidos los cuerpos-identidades, está la liberación.

Despertar es traspasar los muros conscientemente y descubrir que en realidad nunca hubo tales muros, que toda barrera fue subjetiva.

Mira al otro. Él no es otro…, ¡porque tú no eres otro!

Cuando reconozcas eso, quien observe ya no será el individuo, la personalidad, y todo será una unidad, armonía danzando. El Juego de la Realidad Impersonal.
 
 
Existe una elección que acaba con el sufrimiento. Es fácil deducir cuál es. ¿Verdad?
 
 


Todo Lo Que Es

Lo que consideramos «espontáneo» en la naturaleza responde a una programación interna, subconsciente, desde la que es proyectado hacia el exterior. No surge fuera; surge dentro y se proyecta ante nuestros sentidos.

No tiene sentido que en un Universo que es Todo-Lo-Que-Es, esto tan restringido que se representa ante nosotros sea ese Universo Infinito.

Si la realidad se nos muestra limitada, entonces se trata de una fracción de La Realidad Absoluta. No puede ser de otra forma, ya que el Absoluto, donde existimos y de lo que somos parte, es Todo Lo Que Hay; es decir, todos los potenciales probables.

¿Cómo es posible que Dios, que Es Todo-Lo-Que-Es, se haya expresado a sí mismo creando un único perfil de realidad? Si Dios es El Todo, entonces, esto que estamos experimentando es algo artificial, creado a propósito; y ha sido grabado en nosotros mismos, de manera que solo saliendo del propio ‘yo’ podemos darnos cuenta. Y si no es así, entonces Dios no puede ser Dios.


Si se acabó el sendero de tus sueños

Ya lo he tenido todo,
todo lo que he añorado en mi camino
por este estrecho mundo.
No me queda más sueño que viajar
lejos de donde el cuerpo aún palpita.

Tal vez tú ya viviste, como yo,
lo que tu sueño creaba día tras día.

¿Y luego qué?
¿Qué pasa cuando acaba el recorrido?

El camino termina y sigues vivo,
lleno de oxígeno, observando los restos
que las huellas dejaron
a tu paso.

Si despiertas, si avanzas hacia donde no hay contraste,
la gente te rehuirá, se mofarán de ti y te harán el vacío.
No te importe. Detrás de ello no hay nada,
solo miedo al temblor de unos cimientos
sostenidos en humo.

He visto amigos irse de mi lado,
cazados por las garras de un destino
invisible, impredecible, despiadado .
Yo no pude hacer nada, se escaparon del mundo
con la agenda repleta de proyectos
y mi mensaje en espera de respuesta.

Cuando acabe el camino
y la hostilidad se alce ante tu huida,
aguanta el tirón; todos somos dioses.
Cada núcleo es el núcleo de lo eterno.
Cada otro es un yo. Hay un relevo
pendiente en una esquina para ellos.

Nunca fui más feliz que ahora que miro
lo que pareció ser y nunca ha sido,
y lo que somos todos.

Si sabes de qué hablo,
si se acabó el sendero de tus sueños,
disfruta,
no sientas desengaño, baila conmigo.
Esta vida está llena de regalos.

Vivir no es un estado pasajero.
La vida es inherente a la existencia.
Y la existencia es la vida que trasciende
la vida,
la muerte,
el sueño de avanzar y el fin del vuelo.

Pero yo quiero
morir antes de irme
porque quiero
nacer antes del fin
del destino marcado en el tablero.


Descubrir el significado de las cosas negativas en la vida para liberarse de ellas

No consideres esa cosa (persona, circunstancia) un problema. Considéralo el pasillo hacia la solución de una situación previa que era necesario cambiar.

¿De donde surge esa cosa? ¿Qué tipo de conflicto interno estabas teniendo cuando apareció?

Una vez que hayas identificado la situación previa, averigua cuál es la situación ideal a la que te puede dirigir.

¿Hacia dónde te puede llevar? ¿Qué regalo te puede dar?

Estudia, no de qué te priva, sino lo que te permite esa cosa.

Desde el momento en que lo tengas, mantén siempre en tu mente lo que esa cosa realmente significa.

Con esta práctica, el sufrimiento que te ocasionaba cesará.

 


Nada perdido

Quiero sacar tu esperanza de estas letras;
tu alegría, incluso,
si las lees.

Te digo: yo morí.
Y es cierto, varias veces.
Aún ahora estoy muerta
pero sé,
       tal vez porque tengo perspectiva
            ¡al fin!,
que nada importa.

Nada se pierde porque nada hubo.
Solo estuviste tú.
Y, mírate, ¿no estás ahora?

Si algo acabó, nunca empezó.
Por lo tanto, y ya que solo estás tú,
pareció ser un sueño.

Mírate de nuevo, estás aquí.
Y lo que eras es poder,
y los elementos fluctúan entre la paz
y la ilusión.

Estás aquí, libre, disponible.
Tienes la esencia y tienes el sueño.

Y parece que un mundo reclama tu presencia.
Pero, ¡ojo!, tuyos son tus pensamientos,
y estos son imágenes
de las cuales están compuestos los momentos
del mundo
que es tu vida.

Nada perdido.
Lo que nunca nació, siempre existe.

Sobre ello, tu voluntad ante los ojos.
Vístela de confianza, de esperanza
y vive la realidad que brota de tus anhelos,
para que nazca.

Disfruta, porque cuando parezca morir
se estará, simplemente, desintegrando
en su esencia,
      que es La Esencia,
       lo que Eres
       eternamente.

            Sin fin.


Conversaciones entre el sabio y el loco – 5 –

O no hay nada afuera o yo soy afuera

—¿Cómo puedes decir que no hay nada ahí afuera?
Mira, mira todo esto, las colinas, los ríos, las montañas,
la gente, los problemas…

—¿Afuera? ¿Eso está afuera?

—Claro, ahí, delante de mis ojos.

—Pero tú no terminas en tus ojos.

—Yo soy mi cuerpo, y me comunico con lo de fuera a
través de mis sentidos.

—Tú eres lo que ves. Crees que todo ello está afuera
porque crees que tú eres el que ve, nada más; pero
tú también eres lo visto.

—Entonces…, ¿qué soy yo, sino este cuerpo que observa
y siente?

—Este cuerpo es la mirilla por la que percibes lo que
realmente eres. Y eres todo eso que observas y sientes.
Eres el que observa y siente, y eres el observar y el sentir.

 

(Todos somos sabios)

Solo pan, gracias

Cuando mi hijo tenía unos tres años, se bajó (con ayuda, por supuesto) de la trona en el restaurante donde estábamos comiendo para pedir algo a la camarera. Ella ni se percató de su existencia, así que el pobre quedó sin respuesta tras varios intentos. En cuanto se dio por vencido, se sentó de nuevo y nos dijo: «No me quiere porque aún no me conoce».

Un amigo que ya tenía dos hijos, me dijo un día «Date cuenta de que tú para él eres el mundo». Aquello no fue una simple frase; recorrí en un momento escenas de mi infancia y su relación con vivencias de mi edad adulta. Ahí estaba. Aquello era el mundo, y siempre lo sería.

Lo que quiero decir es que de lo que nos sentimos abastecidos cuando el mundo es nuestra madre es lo que consideramos que nos pertenece. Y, de alguna manera mágica, atraemos a nuestra vida, de forma natural, todo aquello que fue así de natural tener en la infancia.

Todos tenemos derecho a ser abastecidos por la vida de forma que cada una de nuestras necesidades, y más, nuestros deseos, se cubran con naturalidad, pero eso no siempre ocurre. No. No estoy echando tierra sobre nadie, y mucho menos sobre una madre, que lo soy y sé de qué se trata. Pero, ahora que ya está todo hecho, ¿no podemos darnos cuenta que todo es un juego de expectativas?

Uno ni se plantea que no vaya a tener eso que le ha sido demostrado que le corresponde. Aprendimos que aunque demos caca, tenemos teta, aunque demos berrinche, nos empujan el columpio.

Todo eso es natural, ¿no es así? ¿Quién, que lee esto, no lo ha tenido? Probablemente todos nosotros hemos cubierto esas necesidades. Sin embargo, ahora, ¡qué curioso!, falta dinero, falta amor, falta apoyo, falta consuelo. Nadie empuja nuestros columpios. ¿Qué pasó?

Una espada parece haber cortado nuestro vínculo con el abastecimiento primordial (y natural). Esa espada tiene muchas aristas que se conjugan en un único filo: el inconsciente colectivo.

Ya puedes haber decidido que no lees prensa, que no ves tele, que no te tragas el cuento de las revisiones (¿eres mujer?) ginecológicas forzosas… Pero un día bajas a por el pan y ¡ahí está!, el comentario de la panadera, directo al subconsciente, «Con esta crisis… ¡Porque, que la hay, la hay, y bien gorda!, y sin dinero para las pensiones, y el paro creciendo… Los chavales no tienen futuro; no sé qué va a ser de ellos, están abocados al fracaso». Una barra de pan que te ha costado una vida entera.

¿Cuándo te das cuenta de que el corte entre tus derechos y la apariencia de tu propia vida estaba en una esquina del cruce dos calles más abajo?

No importa cuándo, porque tú sabes que, si algo existe y es bueno, te pertenece. Lo que cualquiera divague sobre ello, le afecta a sí mismo. Tu oración es otra, la misma que bajó contigo del coche como quien lo hace del columpio, así que no te la dejes en la panadería. Más bien dale, como mínimo, un buen trozo de miga arrancado de ese pan que calienta tus manos y huele a gloria.

Graciela Bárbulo

Infinitas Posibilidades

Era una sombra dentro del límite de su horizonte.

Pero un día se asomó al exterior y vislumbró

el universo de infinitas posibilidades,

mientras reconocía

que siempre había estado allí.

 

Graciela Bárbulo

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Tú sabes cómo es esto

Tranquila, amor, tú sabes cómo es esto.

No desfallezcas.
Estoy a tu lado, pero no me ves.
No puedo recogerte y traerte
aún
conmigo,

pero cuando sientas que ya no queda aire
ni para un último suspiro,
te dejarás llevar,
y sucederá lo que aún no crees.

Será tu última caída,
que, libre de anhelos, de emociones, de criterios,
de rencores,
carecerá de gravedad.
Y en el último abandono,
sin el peso de tu identidad, no caerás finalmente.

Te elevarás,
atravesando el espacio ya vacío,
limpio de miedos.

Antes de terminar el viaje
comprobarás que siempre te he esperado,
para darte un abrazo infinito
del que no despegarnos, para seguir,
juntos,
el camino hacia la aurora.

Graciela Bárbulo