Nada perdido

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Nada perdido

Quiero sacar tu esperanza de estas letras;
tu alegría, incluso,
si las lees.

Te digo: yo morí.
Y es cierto, varias veces.
Aún ahora estoy muerta
pero sé,
       tal vez porque tengo perspectiva
            ¡al fin!,
que nada importa.

Nada se pierde porque nada hubo.
Solo estuviste tú.
Y, mírate, ¿no estás ahora?

Si algo acabó, nunca empezó.
Por lo tanto, y ya que solo estás tú,
pareció ser un sueño.

Mírate de nuevo, estás aquí.
Y lo que eras es poder,
y los elementos fluctúan entre la paz
y la ilusión.

Estás aquí, libre, disponible.
Tienes la esencia y tienes el sueño.

Y parece que un mundo reclama tu presencia.
Pero, ¡ojo!, tuyos son tus pensamientos,
y estos son imágenes
de las cuales están compuestos los momentos
del mundo
que es tu vida.

Nada perdido.
Lo que nunca nació, siempre existe.

Sobre ello, tu voluntad ante los ojos.
Vístela de confianza, de esperanza
y vive la realidad que brota de tus anhelos,
para que nazca.

Disfruta, porque cuando parezca morir
se estará, simplemente, desintegrando
en su esencia,
      que es La Esencia,
       lo que Eres
       eternamente.

            Sin fin.


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Conversaciones entre el sabio y el loco – 5 –

O no hay nada afuera o yo soy afuera

—¿Cómo puedes decir que no hay nada ahí afuera?
Mira, mira todo esto, las colinas, los ríos, las montañas,
la gente, los problemas…

—¿Afuera? ¿Eso está afuera?

—Claro, ahí, delante de mis ojos.

—Pero tú no terminas en tus ojos.

—Yo soy mi cuerpo, y me comunico con lo de fuera a
través de mis sentidos.

—Tú eres lo que ves. Crees que todo ello está afuera
porque crees que tú eres el que ve, nada más; pero
tú también eres lo visto.

—Entonces…, ¿qué soy yo, sino este cuerpo que observa
y siente?

—Este cuerpo es la mirilla por la que percibes lo que
realmente eres. Y eres todo eso que observas y sientes.
Eres el que observa y siente, y eres el observar y el sentir.

 

(Todos somos sabios)

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Solo pan, gracias

Cuando mi hijo tenía unos tres años, se bajó (con ayuda, por supuesto) de la trona en el restaurante donde estábamos comiendo para pedir algo a la camarera. Ella ni se percató de su existencia, así que el pobre quedó sin respuesta tras varios intentos. En cuanto se dio por vencido, se sentó de nuevo y nos dijo: «No me quiere porque aún no me conoce».

Un amigo que ya tenía dos hijos, me dijo un día «Date cuenta de que tú para él eres el mundo». Aquello no fue una simple frase; recorrí en un momento escenas de mi infancia y su relación con vivencias de mi edad adulta. Ahí estaba. Aquello era el mundo, y siempre lo sería.

Lo que quiero decir es que de lo que nos sentimos abastecidos cuando el mundo es nuestra madre es lo que consideramos que nos pertenece. Y, de alguna manera mágica, atraemos a nuestra vida, de forma natural, todo aquello que fue así de natural tener en la infancia.

Todos tenemos derecho a ser abastecidos por la vida de forma que cada una de nuestras necesidades, y más, nuestros deseos, se cubran con naturalidad, pero eso no siempre ocurre. No. No estoy echando tierra sobre nadie, y mucho menos sobre una madre, que lo soy y sé de qué se trata. Pero, ahora que ya está todo hecho, ¿no podemos darnos cuenta que todo es un juego de expectativas?

Uno ni se plantea que no vaya a tener eso que le ha sido demostrado que le corresponde. Aprendimos que aunque demos caca, tenemos teta, aunque demos berrinche, nos empujan el columpio.

Todo eso es natural, ¿no es así? ¿Quién, que lee esto, no lo ha tenido? Probablemente todos nosotros hemos cubierto esas necesidades. Sin embargo, ahora, ¡qué curioso!, falta dinero, falta amor, falta apoyo, falta consuelo. Nadie empuja nuestros columpios. ¿Qué pasó?

Una espada parece haber cortado nuestro vínculo con el abastecimiento primordial (y natural). Esa espada tiene muchas aristas que se conjugan en un único filo: el inconsciente colectivo.

Ya puedes haber decidido que no lees prensa, que no ves tele, que no te tragas el cuento de las revisiones (¿eres mujer?) ginecológicas forzosas… Pero un día bajas a por el pan y ¡ahí está!, el comentario de la panadera, directo al subconsciente, «Con esta crisis… ¡Porque, que la hay, la hay, y bien gorda!, y sin dinero para las pensiones, y el paro creciendo… Los chavales no tienen futuro; no sé qué va a ser de ellos, están abocados al fracaso». Una barra de pan que te ha costado una vida entera.

¿Cuándo te das cuenta de que el corte entre tus derechos y la apariencia de tu propia vida estaba en una esquina del cruce dos calles más abajo?

No importa cuándo, porque tú sabes que, si algo existe y es bueno, te pertenece. Lo que cualquiera divague sobre ello, le afecta a sí mismo. Tu oración es otra, la misma que bajó contigo del coche como quien lo hace del columpio, así que no te la dejes en la panadería. Más bien dale, como mínimo, un buen trozo de miga arrancado de ese pan que calienta tus manos y huele a gloria.

Graciela Bárbulo

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Infinitas Posibilidades

Era una sombra dentro del límite de su horizonte.

Pero un día se asomó al exterior y vislumbró

el universo de infinitas posibilidades,

mientras reconocía

que siempre había estado allí.

 

Graciela Bárbulo

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Tú sabes cómo es esto

Tranquila, amor, tú sabes cómo es esto.

No desfallezcas.
Estoy a tu lado, pero no me ves.
No puedo recogerte y traerte
aún
conmigo,

pero cuando sientas que ya no queda aire
ni para un último suspiro,
te dejarás llevar,
y sucederá lo que aún no crees.

Será tu última caída,
que, libre de anhelos, de emociones, de criterios,
de rencores,
carecerá de gravedad.
Y en el último abandono,
sin el peso de tu identidad, no caerás finalmente.

Te elevarás,
atravesando el espacio ya vacío,
limpio de miedos.

Antes de terminar el viaje
comprobarás que siempre te he esperado,
para darte un abrazo infinito
del que no despegarnos, para seguir,
juntos,
el camino hacia la aurora.

Graciela Bárbulo

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Despertar

Cuando tú estás en un sueño y te preguntas cómo has llegado a esa situación, te despiertas.

Del mismo modo, cuando tú te preguntas cómo has llegado a la propia vida personal, Despiertas.

La cuestión es que Despertar no es un escalón que nos conduzca directamente a la Liberación. Con frecuencia, nos lleva a otro escalón, y este a otro; y cada uno de ellos nos aleja más del momento de partida, pero no sabemos a dónde nos acerca.

Sin embargo, ya no hay retorno.

En el mismo acto de hacerse la pregunta radica el Despertar.

Preguntárselo y Despertar son una misma cosa. Una vez aceptado por la mente, la cuestión no es que ésta se desintegre, sino que su argumento se despersonaliza. Este proceso, el yo individual lo interpreta como una especie de muerte.

Pero más allá de ello, resurge, paulatinamente, la Verdadera Identidad, que consiste en una Re-conexión con todas las identidades escondidas de sí mismas tras una apariencia individualizada.

Graciela Bárbulo

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Iluminación

— Maestro, yo hago lo mismo que tú, tengo tu misma percepción de las cosas; sin embargo, tú estás Iluminado, estás liberado del dolor, y yo no. ¿Cuál es la diferencia?

—La diferencia primordial es que yo veo al que actúa, por lo tanto no soy él, y tu eres quien actúa, por lo tanto no te ves.

Graciela Bárbulo

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Nos concernimos

Es necesario, en este nivel de evolución en el que está la humanidad, que asumamos de una vez por todas que somos más que un cuerpo físico.

A lo largo de nuestra historia hemos ido tomando conciencia de que estamos compuestos por diferentes niveles vibratorios. De tal modo, contamos con un nivel emocional y un nivel mental, de los que, por cierto, somos conscientes. Hemos podido, además, comprobar que no somos víctimas, si no queremos, de nuestras emociones ni de nuestra mente, sino que podemos interactuar con ellas a fin de lograr un equilibrio en ambos niveles.

Pero se nos resiste la evidencia de que, además de todo ello, físico, emoción y mente, poseemos también un cuerpo energético que, del mismo modo que los mencionados, forma parte de nuestra identidad. Y que si no interactuamos con él nos podemos volver víctimas suyas. ¿Por qué nos resistimos?

Hasta hace muy poco tiempo no se ha visto una clara apertura de las conciencias a la aceptación de esta realidad y el desarrollo de actividades vinculadas con la misma. La información va creciendo a medida que las mentes van consiguiendo integrarla, y el proceso va acelerándose.

Con anterioridad a este desarrollo, mucha gente hacía mofa de las actividades relacionadas con los niveles energéticos del ser humano y las vinculaba por defecto con la farsa y el oportunismo, que indudablemente también se han dado. Todo esto es consecuencia de la desinformación, y ya es hora de cambiarlo. Porque, se quiera o no, esta realidad forma parte de la realidad total del individuo. No se trata de una farsa ni es el privilegio de unos pocos, y está en tu mano interactuar con ella o dejarte arrastrar por ella.

No forma parte de ninguna doctrina con la que hay que comprometerse, no surge de una corriente mística que convierte en un ser inabordable a quien la practica. Es real y tangible. Forma parte de nuestro mundo.

Tenemos un aura que es visible para una vista convenientemente entrenada. Este aura es el campo bioenergético que rodea y ocupa el cuerpo de cada persona. En ella están reflejados los niveles emocional, mental y energético de la persona. Es necesario integrar el concepto de cuerpo energético para poder aceptar mejor esta realidad.

Para ello, debemos añadir que cada pensamiento, sentimiento, temor, etc., todo aquello que sea propio, tiene su reflejo en este aura. Y por lo tanto, allá donde vayamos transportamos no sólo nuestro cuerpo físico, nuestras emociones y psicología, sino también nuestro cuerpo de energía.

Esta energía bioeléctrica interactúa con nuestro sistema de chakras. Un chakra es un vórtice energético que nos permite absorber y expulsar energía, o vibraciones, compartiendo nuestra identidad individual con el exterior (el ambiente y las otras identidades). En nuestro cuerpo existen siete chakras principales, y cada uno se corresponde con un nivel de conciencia diferente.

Estos chakras vienen a ser el vínculo entre nuestro cuerpo orgánico y el cuerpo etérico, y se enlazan a través de las siete glándulas principales. Por medio de esta comunicación con las glándulas, la energía “externa” pasa a formar parte de estos siete niveles de energía que nos pertenecen, y así mismo estos niveles de energía se interrelacionan con el exterior, pasando nuestra identidad personal a formar parte del “todo”, de la energía de los que nos rodean y del exterior en general.

En algunas ocasiones sentimos afinidad y bienestar frente a situaciones concretas, personas, lugares, etc. Y en otras sucede todo lo contrario, sentimos roce, rechazo, malestar, etc. Todo esto no es otra cosa que el reflejo de nuestra vibración individual con la del entorno.

Cuando nos referimos al segundo caso, es decir, cuando vivimos sensaciones de roce, incomodidad, percepción de malestar, etc., si se trata de situaciones o personas concretas, estamos diciendo que hay una falta de sincronía, de afinidad, que impide la fusión de ambas vibraciones; y cuando a lo que nos referimos es a una realidad vital, es decir, algo que nos sucede con la vida, frente a circunstancias concretas (amistades, dinero, amor, etc.), se trata seguramente de un desajuste de los chakras y de bloqueos en el aura.

¡Pero esto se puede corregir! Existe la posibilidad de llegar a conocer esta realidad de la que formamos parte, para llegar a comprendernos e interactuar así con nuestros chakras y nuestra aura. O, como poco, existe la posibilidad, del mismo modo que existen médicos que curan el físico, psicólogos y psiquiatras que curan la mente y las emociones, de curar el cuerpo energético a través de Maestros Sanadores especializados en el manejo de las energías.

Un Maestro Sanador es aquel que ha llegado a adquirir los conocimientos que definen esta realidad y ha sabido lograr el equilibro en sí mismo. De esta forma, puede llegar a canalizar la energía Universal a través de sí, uniendo sus conocimientos a la aplicación de la energía, y de esta forma actúa, en primer lugar, localizando las disfunciones, es decir, bloqueos y desequilibrios, y después aplicando la energía universal o prana, energía inteligente sin cualificar, para desbloquear el aura y los chakras.

Esta labor lleva a que la persona tratada se vea libre de bloqueos vibracionales, de forma que sea su verdadera identidad, sin lastres de traumas, miedos, etc., aquella que dirija los actos de su vida.

Tras este trabajo, la persona tratada queda limpia y viajará por su mundo dentro de la realidad del mismo, siendo quien verdaderamente es, y no dando palos de ciego, tropezando siempre con la misma piedra, que no es otra que la suya propia.

Es imprescindible, por lo tanto, después de todos los campos en los que hemos ido evolucionando a través de nuestra existencia humana, que por fin tomemos contacto con nosotros mismos, con quienes somos en nuestra realidad más genuina. Ya es hora.

Nos concernimos.

 

Graciela Bárbulo