Solo nos mueve el amor

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Solo nos mueve el amor

Independientemente de la forma que tome, solo nos mueve el amor.

 
La forma que nuestro impulso hacia el amor tome, nos invita a preguntarnos:
 

¿Qué estamos amando?

 

En el proceso de buscar la respuesta, podemos sentir:

la incomodidad de un muro (ira, venganza, envidia, odio… ), hemos topado con el ego.

el regocijo de la apertura (felicidad, satisfacción, libertad, alegría, paz…), nos hemos encontrado con el Ser.
 
 
En el primer caso, frente a frente con el ego, únicamente estamos intentando atravesar un prejuicio (“este individuo me hace daño”, “tengo problemas”, “no soy suficiente”, “nadie me apoya”…), todos derivados de resistencias asociadas a creencias.
 
 
Soltar esas creencias nos coloca en la línea directa hacia la fusión con el amor que nos mueve, directos hacia él, que también nos busca.


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La corrección de lo incorrecto

Como una carta sin firma, una casa sin pintar, una escultura sin rostro, un cuadro sin enmarcar; la desazón de la falta, la falta de perfección, el naufragio de un relato, el relato de un error. Ese hambre que se siente tras el último bocado, que rebusca en el vacío lo que la pueda saciar. Ese sexo insatisfecho, ese poder y no ser, esa sensación de rabia, de decepción al leer (al leer un buen relato con fallos en el guion, con faltas de ortografía, de ritmo, de puntuación). Con personajes banales, con situaciones de más, con tramas irresolutas, con un lenguaje vulgar. Todo aquello que separa lo bueno de lo especial, lo nuevo de lo acabado, apreciar de disfrutar. El sutil guiño del arte, el salto de calidad, la depuración del texto, la optimización final.

Habrá quien sostenga que la Corrección Literaria de los textos de autor es ya una actividad en desuso, superada tal vez por las potentes herramientas informáticas que los escritores tienen hoy en día a su disposición. El hecho es que, a tenor de los resultados (perceptibles tanto en las obras ya publicadas en papel como en los relatos leídos en la red, e incluso en el registro usado para la comunicación escrita en los nuevos soportes), la calidad literaria de nuestro idioma se tambalea alarmantemente bajo los embates de la mediocridad, la cultura deficiente, los barbarismos, la dejadez de los autores o la simple chabacanería.

Así, habrá quien se conforme con la música del bar, la película pirata, la opinión prefabricada o el sabor descolorido de una verdura industrial, aminorando su capacidad de disfrute en igual medida que lo percibido se aleja de su ideal. El gusto por el detalle parece quedar reservado a unos pocos excéntricos sibaritas, capaces de emocionarse hasta la lágrima frente a una expresión artística sublime, esos que buscan en las obras que exploran la plenitud de los matices, la terminación de las formas, el sabor, en suma, de la Perfección.

Aunque solo sea en honor a ellos, merece la pena afrontar el reto de su búsqueda.

 

La mirada del otro… en el autor

 

La literatura, como la música, es en su esencia manifestación del genio, sustancia destilada del intelecto creador. Ambos tipos de obras son, además, susceptibles de ser mejoradas por la intervención de funciones especializadas como el corrector o el arreglista, respectivamente. Pudiera parecer, sin embargo, que las composiciones literarias permanecen mucho mas apegadas a su mente creadora que las musicales. Se dice que los autores literarios por lo general soportan mucho peor la crítica constructiva de sus obras recién terminadas que los compositores musicales. Por aventurar una razón, tal vez sea debido a que la creación musical requiere de un conocimiento previo específico para poder producirse, mientras que la literaria es más generalista, abierta a cualquiera que pueda expresar sus ideas de manera oral o escrita. Esto abre un inmenso abanico de diferentes perfiles de autor literario, que en su mayoría se muestran reticentes a observar su obra de manera imparcial con el fin de mejorarla.

Es precisamente aquí donde cobra importancia la figura del Corrector Literario, ese consumidor de textos devenido en asesor que, bien sea por un genuino deseo de ayudar al autor, bien sea por su propio afán de búsqueda de la perfección, es capaz de diseccionar la obra de nuevo cuño para limpiarla de faltas básicas, señalar errores y proponer modificaciones al autor. Conviene aclarar que siempre será el creador de la obra quien tenga la última palabra sobre la pertinencia o no de dichas sugerencias, delimitando de esta forma los resultados de la actividad.

 

Las líneas de corrección: trama, personajes, lenguaje y coherencia

 

Dejando de lado la actividad básica de corrección ortotipográfica del texto, necesaria e irrenunciable en todos los casos, la aportación del corrector debe centrarse en darle aplomo y solidez a la historia que se narra. Es indispensable identificar y respetar al máximo el estilo del escritor, ya que no se trata de reescribir la obra, sino de optimizarla sin salirse de los márgenes que hacen reconocible la marca de su creador.

El análisis general de la narración, la revisión de su escaleta, de su ritmo, de la individualidad y registros empleados por los personajes y por el narrador, darán una buena medida de la coherencia inicial de la obra. La calidad del relato es intrínseca al mismo, pero en muchas ocasiones preferiremos una mala historia brillantemente contada que la mejor de las tramas narrada con saltos, vacíos argumentales y personajes inacabados. Muchas veces, por tanto, una buena corrección marcará la diferencia entre el éxito y el fracaso de la obra. En algunas ocasiones, las propias editoriales pueden llegar a imponer criterios adicionales de corrección, de índole puramente comercial o ideológico, siguiendo sus propias políticas internas. Es la ley del mercado, que el propio autor deberá decidir si abraza o rehúye.

Existe, por otro lado, el riesgo de deslizarse por la pendiente contraria: al igual que sucede con la labor de traducción, una corrección mal ejecutada podría deformar el texto original hasta hacerlo irreconocible. Es por ello de extrema importancia acudir a correctores literarios con la debida formación, en los cuales el autor pueda depositar su plena confianza. A fin de cuentas, el equilibrio final de este ajuste fino que supone la labor de corrección será un reflejo fiel del nivel de compenetración que se alcance entre el escritor de la obra y esa mezcla de oráculo, dependiente de tienda, maestro de escuela, estilista, madre atentísima, vendedor a domicilio, vecino molesto y confesor, en la que habrá transmutado la figura de su corrector literario.

 

 


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Tienes tu sueño a un sueño de ti

Es muy fácil.  Recuerda. Acuérdate de cuando sabías que tu vida aún no estaba hecha y te sentías libre para imaginar cómo sería. Ahora puedes actuar igual. Tu vida siempre está en evolución. No te vas a quedar aquí-ahora siempre. Entonces, ¿a dónde te quieres dirigir?

Elige dónde y dirígete allí cuando vayas a tu mente. Vive eso ya. Y no te sientas culpable, tienes el derecho y la capacidad. Tienes el poder.

Eso es el arte de la vida. Crėala.

Sueña. Sueña. Vive tu sueño y tu sueño acabara viviéndote.

Mete tu sueño en ti. El saldrá al mundo y te meterá a ti en él.

Pero sé feliz haciéndolo. Disfrútalo. Como antes. No está más lejos ni es más difícil que entonces.

Tienes tu sueño a un sueño de ti.

(Ver Pin)

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Solo pan, gracias

Cuando mi hijo tenía unos tres años, se bajó (con ayuda, por supuesto) de la trona en el restaurante donde estábamos comiendo para pedir algo a la camarera. Ella ni se percató de su existencia, así que el pobre quedó sin respuesta tras varios intentos. En cuanto se dio por vencido, se sentó de nuevo y nos dijo: «No me quiere porque aún no me conoce».

Un amigo que ya tenía dos hijos, me dijo un día «Date cuenta de que tú para él eres el mundo». Aquello no fue una simple frase; recorrí en un momento escenas de mi infancia y su relación con vivencias de mi edad adulta. Ahí estaba. Aquello era el mundo, y siempre lo sería.

Lo que quiero decir es que de lo que nos sentimos abastecidos cuando el mundo es nuestra madre es lo que consideramos que nos pertenece. Y, de alguna manera mágica, atraemos a nuestra vida, de forma natural, todo aquello que fue así de natural tener en la infancia.

Todos tenemos derecho a ser abastecidos por la vida de forma que cada una de nuestras necesidades, y más, nuestros deseos, se cubran con naturalidad, pero eso no siempre ocurre. No. No estoy echando tierra sobre nadie, y mucho menos sobre una madre, que lo soy y sé de qué se trata. Pero, ahora que ya está todo hecho, ¿no podemos darnos cuenta que todo es un juego de expectativas?

Uno ni se plantea que no vaya a tener eso que le ha sido demostrado que le corresponde. Aprendimos que aunque demos caca, tenemos teta, aunque demos berrinche, nos empujan el columpio.

Todo eso es natural, ¿no es así? ¿Quién, que lee esto, no lo ha tenido? Probablemente todos nosotros hemos cubierto esas necesidades. Sin embargo, ahora, ¡qué curioso!, falta dinero, falta amor, falta apoyo, falta consuelo. Nadie empuja nuestros columpios. ¿Qué pasó?

Una espada parece haber cortado nuestro vínculo con el abastecimiento primordial (y natural). Esa espada tiene muchas aristas que se conjugan en un único filo: el inconsciente colectivo.

Ya puedes haber decidido que no lees prensa, que no ves tele, que no te tragas el cuento de las revisiones (¿eres mujer?) ginecológicas forzosas… Pero un día bajas a por el pan y ¡ahí está!, el comentario de la panadera, directo al subconsciente, «Con esta crisis… ¡Porque, que la hay, la hay, y bien gorda!, y sin dinero para las pensiones, y el paro creciendo… Los chavales no tienen futuro; no sé qué va a ser de ellos, están abocados al fracaso». Una barra de pan que te ha costado una vida entera.

¿Cuándo te das cuenta de que el corte entre tus derechos y la apariencia de tu propia vida estaba en una esquina del cruce dos calles más abajo?

No importa cuándo, porque tú sabes que, si algo existe y es bueno, te pertenece. Lo que cualquiera divague sobre ello, le afecta a sí mismo. Tu oración es otra, la misma que bajó contigo del coche como quien lo hace del columpio, así que no te la dejes en la panadería. Más bien dale, como mínimo, un buen trozo de miga arrancado de ese pan que calienta tus manos y huele a gloria.

Graciela Bárbulo

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Enfermedad y Verdad

Cada enfermedad es el depósito de una emoción.

Y no existe emoción sin juicio; es decir, sin mente.

Entonces, cada enfermedad es el depósito de un juicio. O sea, derivación del pensamiento.

 

No es necesario que se trate de un pensamiento negativo. No necesariamente.

Un fuerte anhelo positivo también se ancla en el cuerpo. Porque tanto positivo como negativo representan la mitad de la verdad. Por lo tanto, cada uno es un algo que sólo puede sobrevivir dentro de la materia, ya que la materia es el tablero de juego de la mente.

 

La verdad es invisible. Cuando se divide, ambas partes se materializan.

 

De tal manera, la aniquilación de la enfermedad requiere valorar lo contrario de lo que esta enfermedad está inmovilizando. ¿Cómo? Soltando eso a lo que nos aferramos, eso que depositamos en nuestro cuerpo, en nuestro mundo, para permitir que la disolución suceda y ambas partes se reúnan como consecuencia del abandono de la manipulación del juicio y, con ello, de todo conflicto resultante.

 

Graciela Bárbulo

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Contarlo

Hay dos formas de llevar a cabo el proceso de escribir:

Una, tener algo que contar y contarlo.

Otra, no tener nada que contar, y contarlo.

Yo hoy no tengo nada que contar, pero eso no quiere decir que no tenga nada dentro que necesite expresarse. De hecho, si me pongo a escribir es para leerme, para escucharme, para saber de mí. Porque el hecho de no tener algo circulando por la sangre con ansia por salir significa que hay algo que da vueltas y vueltas en mi interior, seguramente dejando rastro, un rastro que estallará, cuando menos lo espere, en un irresistible impulso por ponerme a escribir porque tengo algo que contar.

Eso tenía que contar, y lo he contado.

Graciela Bárbulo

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Estratos de tiempo

Todo existe a la vez.

Los tiempos ayer, hoy, mañana son estratos de nuestra mente.

Tenemos la atención puesta en un estrato (lugar) concreto de esa mente, y a eso le llamamos «el ahora».

El futuro también existe ya, por eso existen las predicciones.

En cuanto a las predicciones, hay que decir algo. Siempre se pregunta, «pero si el futuro es predecible, ¿esto quiere decir que ya está predefinido, da lo mismo lo que yo haga?»

La respuesta a esto es que existe un estrato de futuro que encaja exactamente con este presente en ese tiempo global («Ahora» en una dimensión más sutil), y la predicción se establece al margen del libre albedrío.

Es decir, tú, tal como piensas hoy, en el lugar que te encuentras hoy, con la gente, intenciones, querencias, recursos, etc. que tienes hoy, dentro de un tiempo serás «equis», alguien definible desde este hoy.

Pero desde hoy hasta ese tiempo (lugar en el Eterno Ahora), has ido introduciendo cambios, asumiendo y liberando cosas. De este modo, modificas el futuro predicho, aunque en su momento fuera exacto en función de los elementos utilizados.

En la 3D el tiempo es un continuo (pasado, presente, futuro):

MDE 1

En la 4D el tiempo son escalones:

MDE 2

Uno de estos escalones es «hoy». Si «hoy» el escalón es el 2, corresponde que en un tiempo el «hoy» sea el 4. Pero tal vez el tiempo 3 tú introduces un cambio, entonces hay un desplazamiento lateral de los eventos, de forma que la secuencia se monta de nuevo.

En la 5D el tiempo es así:

MDE 3

De tal forma, espacio y tiempo están entremezclados.

En E2-T2, tú eres el de hoy, pero te puedes desplazar en cualquier sentido. Dentro de un rato puedes ser E1-T1.

Ayer y mañana ya no existen. Eres dueño de todo el tiempo y el espacio. Tú los contienes, no ellos a ti.

Si llegas a vivenciar esta verdad, vivirás desde otra dimensión de conciencia. Aquí no hay consecuencias de actuaciones. Aquí no existe el karma, no se carga con un destino. El futuro no es predecible, no depende de los acontecimientos, sino que son estos los que depeden del lugar en el que te sitúes.

 

Extracto de: Mundos de Éter, de Graciela Bárbulo

 


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Ahí no hay nada

Ahí no hay nada.  

Te pones las gafas de la culpa, del rencor, del victimismo, del sufrimiento, de la carencia… y ves eso. Todo lo que hay es la actividad que da forma a lo que justifique ese rencor, esa impresión de culpa, de dolor, esa sensación de ser víctima…

Y cada vez se añade algo nuevo que genera una forma externa que se acopla a ello.

Solo perdonando, perdonándonos, podemos limpiar el cristal de esas gafas.

¿Qué verías si eliminaras la culpa? ¿Qué cambiaría en tu vida? ¿Quién cambiaría?

¿Qué verías si eliminaras el victimismo? 

¿Qué verías si ¡te perdonaras!?

Toda interactuación con otro ser vivo es la comunicación de dos universos que se equilibran. Cada uno vive contra el otro lo que necesita para ser como es. No es posible hacer daño si no hay una víctima que previamente haya tomado contacto con la sensación de injusticia. Todo está compensado en este mundo dual. Nadie te hace daño. No haces daño a nadie. Simplemente llevas a cabo lo que define una cualidad de tu ego en conjunción con otro ser que hace lo propio, pero con la cara opuesta de la situación.

¿Qué hay más allá de este mundo percibido como tal? Al final de él, todo, y nada.

Entremedias, todos los niveles de percepción derivados de la conciencia del observador. La conciencia es aquello que se es, y no es constante: varía en cada momento. Ahora soy feliz, y todo lo que percibo es armonioso, amable, bello…. Ahora soy desgraciado, y todo lo que percibo es hiriente, fastidioso, cruel, feo… Ahora soy poca cosa, y mi mundo se adecua a ello poniéndome a personas y situaciones que me invaliden, rechacen, ofendan, hieran…

Y ahora soy todopoderoso. Entonces, el mundo pone ante mí todo lo que represente la aceptación, el respeto, la belleza, la armonía, la salud, la opulencia…

Y sigues avanzando y todo se va diluyendo cada vez más, perdiendo cada vez más densidad. Y llega un momento en que todo ‘es’ de inmediato como yo siento, y percibo que no hay exterior, solo un enfoque parcial del todo informe que toma forma al ser percibido por ese enfoque. No es como lo ves: lo conviertes en lo que percibes, para ti, para tu consumo de ello. El mundo que tienes es tu creación para tu consumo. Y cuando no necesites alimentarte de nada, cuando ya seas todo, autosostenible, completo, cuando seas, en conciencia, el Todo, dejarás de ser enfoque, y cada cosa desaparecerá.

Todo desaparecerá para ti y comprenderás que nada Es en sí mismo. Entonces podrás conocer que siempre que haya un punto de vista, existirá un mundo. Y todo ‘es’ y nada ‘es’. No hay un mundo que se encienda y se apague. No hay nada más que lo que tú ves, pero lo que tú ves es una percepción personalizada del todo, a la que has dado una forma determinada, mientras ello mismo, ‘no-es’.

Solo puedes desaparecer del mundo cuando todos aquellos seres vivos hayan quedado saldados, eliminados, de tal forma que por ninguna de las dos partes exista nada que active una visión del otro de una manera determinada. Eso es por lo que cada liberación personal implica la liberación en el aspecto equivalente de la otra entidad.

Dos imanes desaparecen cuando se vuelven una pieza.

 

Graciela Bárbulo

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Modificar el propio mundo

Este mundo está conformado por imaginación.  No solo la de cada cual. Todas las mentes se mezclan.

Yo puedo crear desde mi imaginación cosas nuevas en él a voluntad, pero tengo que persistir hasta que la sustancia creada por mí sea más potente que la colectiva.

Lo más accesible para mí es mi mundo privado, y su creación debe realizarse también en privado o con otra mente con la misma proyección.

La mente crea la forma, pero la vitalidad de esa forma se construye desde la emoción que inspira.

La sensación corporal de vivirla, la precipita hacia la materialización. Entonces tenemos todo ello en esta dimensión, de manera que lo creado desde mente, emoción y sensación nos permite la realización de eso mismo, pero ya a través de los sentidos.

La mente es eléctrica. La emoción, magnética. Y la sensación, vital. Todo ello unido crea lo que consideramos realidad, a través de la dualidad de la tercera dimensión.

¿Qué deseas modificar en tu mundo?

Graciela Bárbulo


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Parpadeo de la Realidad

«El universo se enciende y apaga en términos de conciencia.»

 

Es verdad que estudiar y practicar insistentemente algo nos puede llevar al dominio (o a la excelencia) de esa materia. Pero mi experiencia a nivel espiritual ha sido diferente. La insistencia en la práctica de este objetivo nos acerca a una puerta en la que se nos muestra algo inesperado. No se trata de ser un genio en eso, sino en ir elevando el nivel de vibración hasta entrar en aquello con lo que ni siquiera contábamos, algo que no buscábamos, y sin embargo se nos muestra. Hablo de encontrar eso de cuya existencia no teníamos conocimiento previo. Esto puede llegar a ser confuso, pero tiempo al tiempo…

En una época de mi vida tuve la suerte de tener entre mi grupo de amigos, no tanto a personas espirituales (que también), sino a personas inquietas con el reconocimiento de que esta realidad no era la base de La Realidad. Hablábamos y practicábamos sanación energética, asistíamos a charlas y cursos sobre diferentes vertientes de la metafísica, y nos reuníamos para compartir experiencias.

En un momento dado, después de haber devorado «El Libro de Oro», de Saint Germain, y mientras leía, igual de vorazmente, la primera parte de «Un Curso de Milagros», tomé la costumbre de realizar la respiración alterna todos los días. Al poco tiempo comenzaron a surgir imágenes en mi mente, tan obvias como la realidad, imágenes de las que nunca desentrañé claramente el significado, pero ahí estaban, surgían de la nada de diferentes maneras: se plantaban ante mí o se mostraban a través de un agujero de luz que se iba abriendo lentamente, como si diera paso a otra dimensión, y mostraban, siempre, seres y objetos que parecían estar hechos de luz, repletos de brillos dorados.

Pero lo que más me sorprendió, que rápidamente compartí con mis amigos de ejercicios-experiencias, fue algo que me sucedió en un momento inesperado y de la manera más insólita. Se trataba de un modo de percepción de la realidad diferente al que hasta ese momento había experimentado. Iba conduciendo mi coche, sumergida en mis pensamientos, camino de mi casa desde el trabajo cuando, parada en un semáforo en rojo, miré hacia lo lejos y vi todo el escenario de actividad de la avenida en fotogramas. Las imágenes no eran continuas. A través de unos espacios de espacio-tiempo mínimos, podía percibir que todas las imágenes eran estáticas, pero se sucedían unas a otras de forma congruente, de manera que podía, uniéndolas secuencialmente, crear la sensación de movimiento. Es decir, el mundo no se mostraba como un continuum, sino como una serie de imágenes estáticas a las que mi consciencia, para dotar de significado, daba continuidad.

Cuando arranqué el coche, seguí mirando el escenario, y se mantenía igual. Al momento giré a la izquierda y todo se desvaneció.

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La vida volvía a ser como siempre. Pero yo ahora ya sabía que todo era cuestión de percepción, y no tenía por qué ser más válida la que hasta ese momento había tenido, la misma que todo el mundo mostraba tener.

Claro, llegué a casa y llamé rápidamente a mi amiga más ducha en experiencias extrasensoriales, pero creo que ni siquiera prestó demasiada atención. Sin embargo, yo sabía que había tomado contacto con algo real.

Más detalladamente, porque estas experiencias van acompañadas de determinados tipos de concepción, lo que percibí a nivel de consciencia (no visual) fue el Espacio que existe entremedias de cada fotograma. Me percaté de la pantalla, el espacio virgen sobre el que se sustentaba cada imagen. Este espacio era la naturaleza de la creación misma. ¡Y yo había tomado contacto con él! Este espacio, que como piezas de puzzle mal engarzadas, mostraba la esencia del Espacio Creador en el que todo estaba ubicado, al presentarse ante mi percepción me estaba informando de que estaba a mi disposición. Y, como tal, a disposición de todo aquel que diera por válida su realidad.

¿Y qué significa esto?

Pues bien, nosotros creamos cada escena como consecuencia de la escena anterior. ¿Quién piensa que cuando un hombre se tira al agua va a salir volando? Todos sabemos que cuando esto sucede, el hombre, en primer lugar, se moja, y, o nada o bucea. Entonces, nosotros creamos cada fotograma, cada trazo de realidad en función de la lógica. Pero este mecanismo es aprendido. Podemos cambiarlo, sí. Aunque, ¿hasta qué punto?

Bien, yo puedo, porque solo a mí me concierne, aplicar una nueva percepción de realidad no lógica; es decir, implantar una nueva diapositiva, y sus secuencias elegidas por mi voluntad, a algo que me afecte a mí, y solo a mí. La cuestión para hacer una modificación que afecte a la percepción de otro, o más aún, grupal, social… depende de la percepción del conjunto. Y aquí, Sancho, con la iglesia hemos topado.

La cuestión es que estuve muchos años queriendo comprender qué había sido esta percepción, buscando, leyendo a los grandes seres ascendidos, advaitas, yoguis, cuánticos…, y nunca encontré información sobre el tema.

Y ahora, de golpe, me entero de que esto se llama «Parpadeo de la Realidad». Y que científicos, yoguis, rishis, lo conocen. Y que lo definen así: «El universo se enciende y apaga en términos de conciencia, muy rápido, como un shift parpadeante».

Parpadeo fotogramas mente

¡Sí! Eso es. No sé cuánto dura. No sé por qué lo he visto; seguramente porque ralenticé mi nivel de percepción al trabajar con la respiración consciente, marcando sus ritmos y recorrido, mientras adentraba en mí conceptos que desestructuraban esta realidad como algo que es por defecto. Pero no me lo esperaba. Fue un regalo, un regalo divino. El regalo de la Esencia sobre la que se crea la aparente realidad, como algo a mi/nuestra disposición. No es necesario ver los fotogramas prediseñados (esto mantiene la ilusión). Es posible, está a nuestra disposición, percibir la materia prima de estos fotogramas, y crear de este modo la realidad que queramos.

¿Cómo hacerlo? ¿Quién dijo «fe»?

Si te paras a pensar de manera lógica, todo esto que existe surge, o de algo o de la nada (no hay otra). En ambos casos podemos tener acceso a ello. Porque en esta situación, el algo se nos ofrece, y la nada se nos muestra como potencial, es decir, como otro algo.

Si todo esto que percibimos, y el modo en que lo hacemos, está creándose a partir de nuestra conciencia inconsciente, ¿qué pasaría si aplicáramos nuestra conciencia consciente y creáramos a voluntad las imágenes en nuestra mente, las que deseemos en nuestra realidad?

¿Qué se necesita? Yo doy aquí cuatro ingredientes: Fe (a falta de experiencia o lógica), Imaginación (visualizar, y visualizarse por encima de toda falta de autoestima aprendida que nos envíe información de que no es lógico, o que no lo merecemos), Sensación (sentir la emoción vinculada a la imagen de nuestra mente) y ¡Constancia! Que no te venzan las realidades que se te muestran constantemente. Si ellas lo siguen haciendo es porque tienen más fuel (todavía) que las nuevas que estás implantando. Pero al dejar de prestarles atención en favor de otras imágenes nuevas, ¡garantizado!, las cambias.

La realidad, por tanto, está predefinida. Pero siempre y cuando nuestra voluntad no actúe a favor de un rediseño. Está en nuestra conciencia: la realidad está en nuestras manos.

 

 

Graciela Bárbulo