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Tú eres todo lo que te afecta en cualquier sentido

En el momento en que retiras de ti todo bloqueo que te impide una relación nítida con alguna faceta específica de ti mismo, el entorno dejará de ser amenazante. Entonces, se convertirá en la expresión y el canal de la energía que permita que tu naturaleza fluya libremente en su más elevado aspecto.

Cuando una relación te hace daño, esto sucede porque la vibración de la emisión del otro, en lugar de llegar a tu consciencia directamente, choca, y se fusiona con un bloqueo que imposibilita la correcta recepción de la información.

Este bloqueo es una densidad que impide la interpretación, ya que la información se dirige directamente a ese espacio de dolor en el que finalmente queda atrapada. Como consecuencia, saltan los resortes de la reproducción del sufrimiento, con una respuesta afín de vuelta.

Pero sucede más: este mismo dolor bloqueado es el que se extiende hasta la otra persona para ser atraído nuevamente por ti.

Es decir: si tienes una herida emocional, esta no queda inerte, sino que cobra vida y busca realizarse dentro del concepto de dualidad.

¡Todo lo que existe tiende a la búsqueda del re-conocimiento de «sí mismo»! Por lo tanto, cada bloqueo en ti es un algo creado dentro de tu campo energético, con tu propia energía personal, que se ha independizado de su fuente, creando una identidad propia. En el momento en que se reconoce como «algo», busca la dualidad, dentro de la cual le sea posible convertirse, por un lado en parte pasiva (receptiva), y por otro lado emisora, es decir, en la expresión activa de su naturaleza. En su proceso de expansión, cuenta con el campo vibratorio que pertenece a la naturaleza sobre la que se ha generado y, en ella, las dualidades pueden expresarse a través de:

—El cuerpo (en forma de desequilibrios físicos).
—El entorno (en forma de conflictos con pareja, padres, hijos, amigos, compañeros, etc.).
—La vida (como circunstancias que te llevan hacia un límite en un nivel determinado).

De tal forma, todo conflicto físico, emocional o vital depende exclusivamente de ti. El foco, entonces, de la solución nunca está en el objeto exterior, puesto que el exterior es la proyección que la naturaleza primaria de «eso» utiliza para re-conocerse.

El único modo de librarse de estos conflictos es buscar el Foco, y Disolverlo.

Todos estos focos son pequeños yoes que se fueron creando a lo largo de la vida, en función de experiencias que impactaron, en algún momento, en la identidad personal, y no encontraron salida. Al no encontrar una vía de escape, quedaron impresos en el campo áurico personal.

En general (es decir, si no se ha realizado un trabajo consciente de liberación), todas las personas conviven con esos yoes. Es posible, aplicando una honrada búsqueda, seguir la pista de estos conflictos hacia dentro del Ser, hasta detectar el conflicto inicial y, tras ello, devolver la vibración densa, la energía atascada, al Todo, logrando así librarse progresivamente de esos yoes. Pero, curiosamente, sucede con frecuencia que las personas sienten que con ello se les va la vida, que al liberarse de sus emociones aniquila, asimismo, su poder. Pues bien, todo ello está formado de ego. En cada liberación de ello, se libera ego, y es aquí donde se empieza a sentir el vértigo de perderse a sí mismo. Sentís, «si pierdo el ego, desaparezco». Pero existe una confusión importante a este respecto. Y ahora te pregunto: Cuando se pierde el ego, ¿qué queda? Piénsalo, ¿qué queda de ti si no tienes ego?

Aquí es donde quiero dejar una cosa clara: el ego no es «tú», y no te sirve para sobrevivir, ni para definirte, ni para expresarte, ni para amar, ni para disfrutar.

Naces sin ego. Y, sin embargo, desde que naces, e incluso antes, eres alguien específico en el mundo, ¿verdad? Desde que naces, hay algo que define que tú eres tú. ¿Qué es ese algo? Lo que te define y te defiende en este mundo es: Tu Identidad.

El ego, entonces, es el sustituto, usurpador, de tu Identidad.

¿Crees que sin ego tienes que anularte, que soportar lo intolerable, que sufrir, que aguantar, que..? No es así. Tu identidad es aquello que contiene, y por tanto expresa, lo que Eres, y, de tal modo, configura lo que vives.

En el momento en que dejes de vivir desde el ego, y vivas a través de tu identidad, nada de ti buscará un foco de proyección para volver a ti a través de ninguna persona, situación o enfermedad; todo fluirá de acuerdo con lo que tú Eres, así la cualidad de lo que llegue a ti y lo que Eres, y, por tanto, expresas, será la misma.

Cuando tu ego no exista, y sea tu identidad la que viva la vida, todo llegará a ti en y desde su más pura esencia. Y lo que ahora te ocasiona conflicto, o bien dejará de existir, o podrás interpretarlo de forma que no te dañe, de forma que cuando llegue a ti pueda seguir su camino, mientras tú te mantienes en la vibración pura y genuina de tu Ser, de lo que Eres, expresado en el mundo de las formas a través de tu identidad, y reflejando, para ti, una vida, relaciones y salud, que te llevarán a la consecución de la felicidad, como resultado de la expresión de llevarse a cabo, en todos esos ámbitos, la naturaleza que Eres.

No sufras más. El sufrimiento es un error. Entrega la fuente de tu sufrimiento a la vibración más elevada de ti, y se deshará.

 

Entrégamelo a Mí, y te liberarás.

Tú eres la parte de Mí que se expresa en la materia, y Yo Soy tu sustento. Siempre apoyo lo que tú Eres, porque Eso es lo que Yo Soy.


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La Corrupción desde el punto de vista espiritual

Por Graciela Bárbulo

 

Si tuviera que escribir un artículo sobre la corrupción en el mundo, comenzaría diciendo que no hay tal corrupción, incluso que no existe dicho mundo.

Me explico.

Cuando admiramos un cuadro, nos movemos frente a él. Nos aproximamos y nos alejamos a fin de apreciar su sentido y sus detalles. Si nos acercáramos mucho, podríamos distinguir los trazos, y si nos acercáramos aún más incluso percibiríamos la textura de la tela. En estos momentos, ¿dónde está el cuadro?

Del mismo modo, cuando vamos ampliando más y más una imagen digital en nuestra pantalla, llega un momento en el que la imagen se pierde y solo se aprecian los píxeles que la componen. ¿Dónde está, entonces, la imagen?

El primer principio de El Kybalión (documento que resume las enseñanzas del Hermetismo) nos dice que «el Todo es Mente; el universo es mental». También, la doctrina Advaita (No-Dualidad) nos dice que no hay otro, que todo es Yo. Por otra parte, muchas enseñanzas de la Nueva Era nos animan a Co-Crear (crear con: el espíritu), para poder construir así nuestra realidad personal. Esta doctrina lleva implícita la aceptación de que somos nosotros los únicos responsables de lo que nos sucede.

No opino de manera diferente a la nueva filosofía espiritual cuando afirma que lo que vivimos en nuestra vida es la expresión de nuestra realidad interna.

Entonces, la pregunta que surge de inmediato es: ¿soy yo responsable de la guerra, de la corrupción, de la manipulación de las élites? Dejemos la respuesta en suspenso para afirmar que, seámoslo o no, si todos estos conceptos no forman parte de nuestro mundo interior, por más que existan ahí fuera, no nos afectarán.

Y ahora, vamos a abordar la cuestión: ¿soy yo responsable de lo que ocurre en el mundo? Para responder, me veo en la necesidad de realizar otra pregunta: ¿quién es «yo»?

Supongamos por un momento que aceptamos que el universo es mental. Todo es mente. Lo que sucede ahí afuera está en una mente inmensa, tanto que tú lo percibes, él lo percibe, yo lo percibo. Ahora bien, ¿de qué está conformada esa mente global, sino del conjunto de mentes individuales?

Pongamos una imagen a esta idea. Imaginemos que una serie de niños está haciendo pompas de jabón con diferentes productos. Cada niño, con su juguete, hace su pompa, y todas ellas se alzan al vuelo, unas hacia otras, fusionándose hasta que llega un momento en el que solo existe una gran pompa.

 

 

Lo que ha sucedido en este proceso es que todas las pompas, independientemente de su procedencia y naturaleza, se han convertido en una sola. La pompa de jabón de cada niño ha perdido su identidad en favor de la unidad. Ahora todas las mentes han creado una gran mente, un mundo, que es de todos.

Sin embargo, cuando cada niño siga jugando en solitario con su juguete, solo podrá usarlo para crear la pompa del jabón específico que haya elegido, y solo este material será el que afecte a su entorno personal, al aire que respira.

Por analogía, nos encontramos con que todos somos parte de lo que observamos, y por lo tanto también somos parte de la corrupción del mundo. Pero esto no implica que debamos ser víctimas de ella. El producto con el que juegue cada niño será el que determine su entorno, incluso se derrame sobre él, pegándose en sus labios y pasando a su organismo.

Cada uno traga lo que cada uno sopló.

Yendo un paso más allá, cuando el juego termina y ya no hay más pompas, cuando no estamos en la mente, ¿qué es lo que queda?, ¿dónde está el cuadro que compartíamos?

Y aquí me dirijo directamente a la cuestión de modo más desencarnado. ¿Qué pasa si yo no me involucro, ni emocional ni psicológicamente, con lo que está sucediendo en el mundo? ¿Qué sucede con lo que existe cuando no lo miro, cuando no lo toco, no lo huelo? ¿Existe realmente?

La física cuántica determina que los parámetros de la realidad nanoscópica se generan a partir de su observación. Trasladado al mundo macroscópico, esto significaría que lo que no existe para mí, no existe. Un amigo muy sabio me dijo una vez que el suelo se formaba bajo sus pies cuando él iba a dar un paso.

Sí, en este mundo que percibimos con los cinco sentidos existe corrupción, y muy gorda. Pero también existe una vía de escape de sus efectos. Los cinco sentidos sirven para distorsionar la realidad; lo que percibimos a través de ellos es estrictamente personal (aunque, eso sí, trasferible, ya que todas nuestras mentes están comunicadas a través de ellos; pero personal).

Es cuestión de intención; el logro se consigue casi como resultado directo de esta intención. Intenta percibir, desde cualquier situación física, anímica o psíquica en la que te encuentres, lo que no puedes alcanzar con los sentidos. Tal vez la mayor resistencia para llevar a cabo este intento sea la negación del ego. En ese caso, si puedes aceptar que un algo te dice no mientras otro algo te dice ¿por qué no?, anímate y hazle caso al segundo, porque será el único que te puede abrir las puertas del éxito. Entonces, dejando de lado ego, percepción sensorial, incluso expectativas, intenta «Percibir».

¿Qué existe en ese lugar al que pretendemos llegar? ¿Encontraremos de nuevo algún conflicto?

No lo hay, te lo garantizo. En ese lugar está lo previo a cualquier conflicto, el silencio anterior al ruido, la paz anterior a la guerra, el espacio vacío de todo cuerpo compacto.

Y en ese lugar estás tú, libre de lo que hasta ahora te ha aquejado.

Ese tú es el «Yo» que realmente eres, fuera de burbujas, fuera de normas, ruidos, juicios, dolor, sufrimiento.

Y ese «Yo» es lo que realmente, detrás de toda apariencia de persona, de problemas, de preocupaciones, de estrés, de fracasos… Eres.

Por todo ello, porque sé que lo que nos ocupa en el desarrollo de este tema es producto de lo que no es nuestra verdadera naturaleza, me vería completamente incapaz de escribir un artículo sobre la corrupción en el mundo.

 

 


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Solo nos mueve el amor

Independientemente de la forma que tome, solo nos mueve el amor.

 
La forma que nuestro impulso hacia el amor tome, nos invita a preguntarnos:
 

¿Qué estamos amando?

 

En el proceso de buscar la respuesta, podemos sentir:

la incomodidad de un muro (ira, venganza, envidia, odio… ), hemos topado con el ego.

el regocijo de la apertura (felicidad, satisfacción, libertad, alegría, paz…), nos hemos encontrado con el Ser.
 
 
En el primer caso, frente a frente con el ego, únicamente estamos intentando atravesar un prejuicio (“este individuo me hace daño”, “tengo problemas”, “no soy suficiente”, “nadie me apoya”…), todos derivados de resistencias asociadas a creencias.
 
 
Soltar esas creencias nos coloca en la línea directa hacia la fusión con el amor que nos mueve, directos hacia él, que también nos busca.


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La corrección de lo incorrecto

Como una carta sin firma, una casa sin pintar, una escultura sin rostro, un cuadro sin enmarcar; la desazón de la falta, la falta de perfección, el naufragio de un relato, el relato de un error. Ese hambre que se siente tras el último bocado, que rebusca en el vacío lo que la pueda saciar. Ese sexo insatisfecho, ese poder y no ser, esa sensación de rabia, de decepción al leer (al leer un buen relato con fallos en el guion, con faltas de ortografía, de ritmo, de puntuación). Con personajes banales, con situaciones de más, con tramas irresolutas, con un lenguaje vulgar. Todo aquello que separa lo bueno de lo especial, lo nuevo de lo acabado, apreciar de disfrutar. El sutil guiño del arte, el salto de calidad, la depuración del texto, la optimización final.

Habrá quien sostenga que la Corrección Literaria de los textos de autor es ya una actividad en desuso, superada tal vez por las potentes herramientas informáticas que los escritores tienen hoy en día a su disposición. El hecho es que, a tenor de los resultados (perceptibles tanto en las obras ya publicadas en papel como en los relatos leídos en la red, e incluso en el registro usado para la comunicación escrita en los nuevos soportes), la calidad literaria de nuestro idioma se tambalea alarmantemente bajo los embates de la mediocridad, la cultura deficiente, los barbarismos, la dejadez de los autores o la simple chabacanería.

Así, habrá quien se conforme con la música del bar, la película pirata, la opinión prefabricada o el sabor descolorido de una verdura industrial, aminorando su capacidad de disfrute en igual medida que lo percibido se aleja de su ideal. El gusto por el detalle parece quedar reservado a unos pocos excéntricos sibaritas, capaces de emocionarse hasta la lágrima frente a una expresión artística sublime, esos que buscan en las obras que exploran la plenitud de los matices, la terminación de las formas, el sabor, en suma, de la Perfección.

Aunque solo sea en honor a ellos, merece la pena afrontar el reto de su búsqueda.

La mirada del otro… en el autor

La literatura, como la música, es en su esencia manifestación del genio, sustancia destilada del intelecto creador. Ambos tipos de obras son, además, susceptibles de ser mejoradas por la intervención de funciones especializadas como el corrector o el arreglista, respectivamente. Pudiera parecer, sin embargo, que las composiciones literarias permanecen mucho mas apegadas a su mente creadora que las musicales. Se dice que los autores literarios por lo general soportan mucho peor la crítica constructiva de sus obras recién terminadas que los compositores musicales. Por aventurar una razón, tal vez sea debido a que la creación musical requiere de un conocimiento previo específico para poder producirse, mientras que la literaria es más generalista, abierta a cualquiera que pueda expresar sus ideas de manera oral o escrita. Esto abre un inmenso abanico de diferentes perfiles de autor literario, que en su mayoría se muestran reticentes a observar su obra de manera imparcial con el fin de mejorarla.

Es precisamente aquí donde cobra importancia la figura del Corrector Literario, ese consumidor de textos devenido en asesor que, bien sea por un genuino deseo de ayudar al autor, bien sea por su propio afán de búsqueda de la perfección, es capaz de diseccionar la obra de nuevo cuño para limpiarla de faltas básicas, señalar errores y proponer modificaciones al autor. Conviene aclarar que siempre será el creador de la obra quien tenga la última palabra sobre la pertinencia o no de dichas sugerencias, delimitando de esta forma los resultados de la actividad.

Las líneas de corrección: trama, personajes, lenguaje y coherencia

Dejando de lado la actividad básica de corrección ortotipográfica del texto, necesaria e irrenunciable en todos los casos, la aportación del corrector debe centrarse en darle aplomo y solidez a la historia que se narra. Es indispensable identificar y respetar al máximo el estilo del escritor, ya que no se trata de reescribir la obra, sino de optimizarla sin salirse de los márgenes que hacen reconocible la marca de su creador.

El análisis general de la narración, la revisión de su escaleta, de su ritmo, de la individualidad y registros empleados por los personajes y por el narrador, darán una buena medida de la coherencia inicial de la obra. La calidad del relato es intrínseca al mismo, pero en muchas ocasiones preferiremos una mala historia brillantemente contada que la mejor de las tramas narrada con saltos, vacíos argumentales y personajes inacabados. Muchas veces, por tanto, una buena corrección marcará la diferencia entre el éxito y el fracaso de la obra. En algunas ocasiones, las propias editoriales pueden llegar a imponer criterios adicionales de corrección, de índole puramente comercial o ideológico, siguiendo sus propias políticas internas. Es la ley del mercado, que el propio autor deberá decidir si abraza o rehúye.

Existe, por otro lado, el riesgo de deslizarse por la pendiente contraria: al igual que sucede con la labor de traducción, una corrección mal ejecutada podría deformar el texto original hasta hacerlo irreconocible. Es por ello de extrema importancia acudir a correctores literarios con la debida formación, en los cuales el autor pueda depositar su plena confianza. A fin de cuentas, el equilibrio final de este ajuste fino que supone la labor de corrección será un reflejo fiel del nivel de compenetración que se alcance entre el escritor de la obra y esa mezcla de oráculo, dependiente de tienda, maestro de escuela, estilista, madre atentísima, vendedor a domicilio, vecino molesto y confesor, en la que habrá transmutado la figura de su corrector literario.

 

 


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Tienes tu sueño a un sueño de ti

Es muy fácil.  Recuerda. Acuérdate de cuando sabías que tu vida aún no estaba hecha y te sentías libre para imaginar cómo sería. Ahora puedes actuar igual. Tu vida siempre está en evolución. No te vas a quedar aquí-ahora siempre. Entonces, ¿a dónde te quieres dirigir?

Elige dónde y dirígete allí cuando vayas a tu mente. Vive eso ya. Y no te sientas culpable, tienes el derecho y la capacidad. Tienes el poder.

Eso es el arte de la vida. Crėala.

Sueña. Sueña. Vive tu sueño y tu sueño acabara viviéndote.

Mete tu sueño en ti. El saldrá al mundo y te meterá a ti en él.

Pero sé feliz haciéndolo. Disfrútalo. Como antes. No está más lejos ni es más difícil que entonces.

Tienes tu sueño a un sueño de ti.

(Ver Pin)

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Solo pan, gracias

Cuando mi hijo tenía unos tres años, se bajó (con ayuda, por supuesto) de la trona en el restaurante donde estábamos comiendo para pedir algo a la camarera. Ella ni se percató de su existencia, así que el pobre quedó sin respuesta tras varios intentos. En cuanto se dio por vencido, se sentó de nuevo y nos dijo: «No me quiere porque aún no me conoce».

Un amigo que ya tenía dos hijos, me dijo un día «Date cuenta de que tú para él eres el mundo». Aquello no fue una simple frase; recorrí en un momento escenas de mi infancia y su relación con vivencias de mi edad adulta. Ahí estaba. Aquello era el mundo, y siempre lo sería.

Lo que quiero decir es que de lo que nos sentimos abastecidos cuando el mundo es nuestra madre es lo que consideramos que nos pertenece. Y, de alguna manera mágica, atraemos a nuestra vida, de forma natural, todo aquello que fue así de natural tener en la infancia.

Todos tenemos derecho a ser abastecidos por la vida de forma que cada una de nuestras necesidades, y más, nuestros deseos, se cubran con naturalidad, pero eso no siempre ocurre. No. No estoy echando tierra sobre nadie, y mucho menos sobre una madre, que lo soy y sé de qué se trata. Pero, ahora que ya está todo hecho, ¿no podemos darnos cuenta que todo es un juego de expectativas?

Uno ni se plantea que no vaya a tener eso que le ha sido demostrado que le corresponde. Aprendimos que aunque demos caca, tenemos teta, aunque demos berrinche, nos empujan el columpio.

Todo eso es natural, ¿no es así? ¿Quién, que lee esto, no lo ha tenido? Probablemente todos nosotros hemos cubierto esas necesidades. Sin embargo, ahora, ¡qué curioso!, falta dinero, falta amor, falta apoyo, falta consuelo. Nadie empuja nuestros columpios. ¿Qué pasó?

Una espada parece haber cortado nuestro vínculo con el abastecimiento primordial (y natural). Esa espada tiene muchas aristas que se conjugan en un único filo: el inconsciente colectivo.

Ya puedes haber decidido que no lees prensa, que no ves tele, que no te tragas el cuento de las revisiones (¿eres mujer?) ginecológicas forzosas… Pero un día bajas a por el pan y ¡ahí está!, el comentario de la panadera, directo al subconsciente, «Con esta crisis… ¡Porque, que la hay, la hay, y bien gorda!, y sin dinero para las pensiones, y el paro creciendo… Los chavales no tienen futuro; no sé qué va a ser de ellos, están abocados al fracaso». Una barra de pan que te ha costado una vida entera.

¿Cuándo te das cuenta de que el corte entre tus derechos y la apariencia de tu propia vida estaba en una esquina del cruce dos calles más abajo?

No importa cuándo, porque tú sabes que, si algo existe y es bueno, te pertenece. Lo que cualquiera divague sobre ello, le afecta a sí mismo. Tu oración es otra, la misma que bajó contigo del coche como quien lo hace del columpio, así que no te la dejes en la panadería. Más bien dale, como mínimo, un buen trozo de miga arrancado de ese pan que calienta tus manos y huele a gloria.

Graciela Bárbulo

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Enfermedad y Verdad

Cada enfermedad es el depósito de una emoción.

Y no existe emoción sin juicio; es decir, sin mente.

Entonces, cada enfermedad es el depósito de un juicio. O sea, derivación del pensamiento.

 

No es necesario que se trate de un pensamiento negativo. No necesariamente.

Un fuerte anhelo positivo también se ancla en el cuerpo. Porque tanto positivo como negativo representan la mitad de la verdad. Por lo tanto, cada uno es un algo que sólo puede sobrevivir dentro de la materia, ya que la materia es el tablero de juego de la mente.

 

La verdad es invisible. Cuando se divide, ambas partes se materializan.

 

De tal manera, la aniquilación de la enfermedad requiere valorar lo contrario de lo que esta enfermedad está inmovilizando. ¿Cómo? Soltando eso a lo que nos aferramos, eso que depositamos en nuestro cuerpo, en nuestro mundo, para permitir que la disolución suceda y ambas partes se reúnan como consecuencia del abandono de la manipulación del juicio y, con ello, de todo conflicto resultante.

 

Graciela Bárbulo

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Contarlo

Hay dos formas de llevar a cabo el proceso de escribir:

Una, tener algo que contar y contarlo.

Otra, no tener nada que contar, y contarlo.

Yo hoy no tengo nada que contar, pero eso no quiere decir que no tenga nada dentro que necesite expresarse. De hecho, si me pongo a escribir es para leerme, para escucharme, para saber de mí. Porque el hecho de no tener algo circulando por la sangre con ansia por salir significa que hay algo que da vueltas y vueltas en mi interior, seguramente dejando rastro, un rastro que estallará, cuando menos lo espere, en un irresistible impulso por ponerme a escribir porque tengo algo que contar.

Eso tenía que contar, y lo he contado.

Graciela Bárbulo

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¿Conocimiento o Conciencia?

Hasta que no cuestionemos lo que hemos adquirido como verdad a través del intelecto, no tendremos acceso a la Verdad Suprema.

Hasta que no liberemos la mente de lo aprendido, no tendremos acceso a la Realidad.

Renunciar a lo aprendido, aunque sea durante un tiempo corto, abre paso a la Verdad.

¿Cultura o sabiduría? Es tu elección.

La primera libera en el mundo. La segunda libera del mundo.

La primera te mantiene en la ilusión, como víctima de ella. La segunda te saca de la ilusión, como artífice de ella.

Cultura pertenece a la sociedad, el mundo. Sabiduría pertenece al Ser, el Todo.

¿Conocimiento o Consciencia?

Graciela Bárbulo
Acceso a Vídeo

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Ejercicio para acelerar el proceso del cambio hacia la vibración que Eres

¿Quieres eliminar ciertas cosas de tu vida y agregar otras, pero no sabes de qué forma llevar a cabo el proceso?

Fíjate en que las que quieres añadir son la cara opuesta de las que quieres eliminar.

Quieres eliminar «lo que no es» para agregar «lo que es», con ello quiero decir lo que pertenece o no a tu actual realidad vibratoria.

Eso que ahora está y no deseas entró a formar parte de tu campo vital cuando tú estabas en un nivel de vibración inferior al actual. Tú lo atrajiste. Ahora no te nutre; es más, te drena. Lo que te nutre es justo aquello que hubiera pasado a formar parte de tu realidad si no hubieras atraído eso que ahora vibra más bajo que tú, en la frecuencia que vibrabas en aquel tiempo que lo ingresaste. Pero en aquel momento no estaba visible como una opción, sino tras una serie de circunstancias que elegiste no vivenciar.

No te preocupes. Todo eso es una fantasía. Tiene un principio y un final. Deja de prestarle atención y, aunque siga en tu vida por un tiempo, se irá desactivando poco a poco. Notarás que deja de ejercer presión, que pierde poder.

Ahora bien, ¿qué pasa con lo que deseas atraer? Eso vendrá, y lo hará porque el lugar que deseas que ocupe es el que le pertenece por resonancia con tu vibración actual. Sin embargo, la espera es demasiado larga, ¿verdad? Tú vas más deprisa en tu evolución que la ilusión que has creado. Y sientes desesperación de estar cargando con algo que no te pertenece en el «ahora».

Te propongo un EJERCICIO para acelerar el proceso de cambio. Con sus instrucciones atraerás más rápidamente hacia tu vida la realidad que te pertenece, esa que está en armonía con tu vibración actual:

Visualiza un círculo. En él estará representado todo lo que compone tu realidad: tu visión de ti mismo, tu trabajo, tu casa, tu pareja, tus circunstancias más relevantes, tu salud, tu economía…. Presta atención a todas y cada una de esas cosas. Identifica cada una con un símbolo que la defina.

Ahora tienes un tablero con todas las fichas. Tú eres el tablero. Las fichas son los elementos que juegan en tu vida.

Escoge una ficha, la que represente la realidad que más te molesta. Cógela, en tu visualización, y sácala fuera de la línea que delimita el círculo que tú eres. Una vez fuera, visualiza cómo se diluye su figura. Desaparece. Y ahora, siente… ¿Cómo sientes tu vida sin la realidad que representaba esa ficha en ella? ¡Te has quitado un peso de encima! Siéntete sin ese peso… Cuando hayas completado la sensación de liberación, averigua qué quieres que haya en su lugar. ¿Te vale con quedarte así, o deseas algo en su lugar? ¿Se ha ido una persona nociva y te quedas conforme? ¿Es suficiente con eso o deseas una persona bondadosa en su lugar? ¿Se ha ido una relación tóxica y te quedas muy feliz en su ausencia, o deseas una relación con la que vivir el amor, la empatía, la realización, con la que ser feliz?

Si deseas ingresar algo en su lugar, visualízalo. Pero antes estudia que desde el punto de vista espiritual sea Legítimo. Y, en este caso, lo legítimo se define básicamente por los siguientes principios:

  • No afecta el libre albedrío de otro.
  • Potencia el amor
  • Ofrece poder
  • Permite el desarrollo y la expresión.

Cuando lo tengas definido, visualiza su forma. Entonces, eso se convertirá en una imagen, y finalmente una ficha, que meterás dentro del círculo en el lugar de la que retiraste.

Ahora, recréate en sentirte con ello en tu vida. Respira, respíralo y siente…

Haz esto con todos los elementos, con cada ficha. Saca del tablero la carencia e introduce la abundancia. Saca lo que bloquea, lo que impide, e introduce lo que aporta, lo que es afín en vibración.

(Al realizar este ejercicio, ten en cuenta que la carencia es un «algo»; es decir, si te falta dinero, si te falta amor, si te falta seguridad, no hay un vacío de eso, sino un «algo» que lo sustituye. Identifica qué representa esa carencia, conviértelo en ficha y sácalo fuera del círculo que te representa en la vida).

Todo lo que hay en tu vida responde a lo que tú fuiste en algún momento. El espíritu  evoluciona más rápido que la energía, que le sigue. La conciencia siempre crece más ligera que la materialización de su realidad. Lo que eres ahora está en vías de plasmarse, pero con este ejercicio aceleras el proceso.

Si lo deseas y es legítimo, te pertenece, ya viene camino de tu realidad. Entonces, le puedes dar un impulso.

Lo que deseaste y no coincide con tu vibración actual se está alejando, pero si visualizas que el sitio ya está vacante, que ya se ha ido, acelerarás el proceso.

Es Legítimo este ejercicio. Te pertenece ver realizada la proyección de lo que Eres. El tiempo sutil se acelera y lo material no le sigue al mismo ritmo, por su vibración densa. Está bien, es correcto colaborar desde una dimensión superior para ver representado el resultado de lo que Eres.

Permite al Universo dar los pasos necesarios para reorganizar tu realidad desde lo que ahora representa hasta lo que has solicitado. Es posible que no siempre puedas interpretar correctamente los pasos que la naturaleza da, pero confía en que, independientemente de la apariencia que muestre, son los correctos, y al final tu tablero estará con las piezas elegidas para jugar una vida legítima, consciente y feliz.

 

Graciela Bárbulo