Ahí no hay nada

Ahí no hay nada

Ahí no hay nada.  

Te pones las gafas de la culpa, del rencor, del victimismo, del sufrimiento, de la carencia… y ves eso. Todo lo que hay es la actividad que da forma a lo que justifique ese rencor, esa impresión de culpa, de dolor, esa sensación de ser víctima…

Y cada vez se añade algo nuevo que genera una forma externa que se acopla a ello.

Solo perdonando, perdonándonos, podemos limpiar el cristal de esas gafas.

¿Qué verías si eliminaras la culpa? ¿Qué cambiaría en tu vida? ¿Quién cambiaría?

¿Qué verías si eliminaras el victimismo? 

¿Qué verías si ¡te perdonaras!?

Toda interactuación con otro ser vivo es la comunicación de dos universos que se equilibran. Cada uno vive contra el otro lo que necesita para ser como es. No es posible hacer daño si no hay una víctima que previamente haya tomado contacto con la sensación de injusticia. Todo está compensado en este mundo dual. Nadie te hace daño. No haces daño a nadie. Simplemente llevas a cabo lo que define una cualidad de tu ego en conjunción con otro ser que hace lo propio, pero con la cara opuesta de la situación.

¿Qué hay más allá de este mundo percibido como tal? Al final de él, todo, y nada.

Entremedias, todos los niveles de percepción derivados de la conciencia del observador. La conciencia es aquello que se es, y no es constante: varía en cada momento. Ahora soy feliz, y todo lo que percibo es armonioso, amable, bello…. Ahora soy desgraciado, y todo lo que percibo es hiriente, fastidioso, cruel, feo… Ahora soy poca cosa, y mi mundo se adecua a ello poniéndome a personas y situaciones que me invaliden, rechacen, ofendan, hieran…

Y ahora soy todopoderoso. Entonces, el mundo pone ante mí todo lo que represente la aceptación, el respeto, la belleza, la armonía, la salud, la opulencia…

Y sigues avanzando y todo se va diluyendo cada vez más, perdiendo cada vez más densidad. Y llega un momento en que todo ‘es’ de inmediato como yo siento, y percibo que no hay exterior, solo un enfoque parcial del todo informe que toma forma al ser percibido por ese enfoque. No es como lo ves: lo conviertes en lo que percibes, para ti, para tu consumo de ello. El mundo que tienes es tu creación para tu consumo. Y cuando no necesites alimentarte de nada, cuando ya seas todo, autosostenible, completo, cuando seas, en conciencia, el Todo, dejarás de ser enfoque, y cada cosa desaparecerá.

Todo desaparecerá para ti y comprenderás que nada Es en sí mismo. Entonces podrás conocer que siempre que haya un punto de vista, existirá un mundo. Y todo ‘es’ y nada ‘es’. No hay un mundo que se encienda y se apague. No hay nada más que lo que tú ves, pero lo que tú ves es una percepción personalizada del todo, a la que has dado una forma determinada, mientras ello mismo, ‘no-es’.

Solo puedes desaparecer del mundo cuando todos aquellos seres vivos hayan quedado saldados, eliminados, de tal forma que por ninguna de las dos partes exista nada que active una visión del otro de una manera determinada. Eso es por lo que cada liberación personal implica la liberación en el aspecto equivalente de la otra entidad.

Dos imanes desaparecen cuando se vuelven una pieza.

 

Graciela Bárbulo

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