Nos concernimos

Nos concernimos

Es necesario, en este nivel de evolución en el que está la humanidad, que asumamos de una vez por todas que somos más que un cuerpo físico.

A lo largo de nuestra historia hemos ido tomando conciencia de que estamos compuestos por diferentes niveles vibratorios. De tal modo, contamos con un nivel emocional y un nivel mental, de los que, por cierto, somos conscientes. Hemos podido, además, comprobar que no somos víctimas, si no queremos, de nuestras emociones ni de nuestra mente, sino que podemos interactuar con ellas a fin de lograr un equilibrio en ambos niveles.

Pero se nos resiste la evidencia de que, además de todo ello, físico, emoción y mente, poseemos también un cuerpo energético que, del mismo modo que los mencionados, forma parte de nuestra identidad. Y que si no interactuamos con él nos podemos volver sus víctimas. ¿Por qué nos resistimos?

Hasta hace muy poco tiempo no se ha visto una clara apertura de las conciencias a la aceptación de esta realidad y el desarrollo de actividades vinculadas con la misma. La información va creciendo a medida que las mentes van consiguiendo integrarla, y el proceso va acelerándose.

Con anterioridad a este desarrollo, mucha gente hacía mofa de las actividades relacionadas con los niveles energéticos del ser humano y las vinculaba por defecto con la farsa y el oportunismo, que indudablemente también se han dado. Todo esto es consecuencia de la desinformación, y ya es hora de cambiarlo. Porque, se quiera o no, esta realidad forma parte de la realidad total del individuo. No se trata de una farsa ni es el privilegio de unos pocos, y está en tu mano interactuar con ella o dejarte arrastrar por ella.

No forma parte de ninguna doctrina con la que hay que comprometerse, no surge de una corriente mística que convierte en un ser inabordable a quien la practica. Es real y tangible. Forma parte de nuestro mundo.

Tenemos un aura que es visible para una vista convenientemente entrenada. Este aura es el campo bioenergético que rodea y ocupa el cuerpo de cada persona. En ella están reflejados los niveles emocional, mental y energético de la persona. Es necesario integrar el concepto de cuerpo energético para poder aceptar mejor esta realidad.

Para ello, debemos añadir que cada pensamiento, sentimiento, temor, etc., todo aquello que sea propio, tiene su reflejo en este aura. Y por lo tanto, allá donde vayamos transportamos no sólo nuestro cuerpo físico, nuestras emociones y psicología, sino también nuestro cuerpo de energía.

Esta energía bioeléctrica interactúa con nuestro sistema de chakras. Un chakra es un vórtice energético que nos permite absorber y expulsar energía, o vibraciones, compartiendo nuestra identidad individual con el exterior (el ambiente y las otras identidades). En nuestro cuerpo existen siete chakras principales, y cada uno se corresponde con un nivel de conciencia diferente.

Estos chakras vienen a ser el vínculo entre nuestro cuerpo orgánico y el cuerpo etérico, y se enlazan a través de las siete glándulas principales. Por medio de esta comunicación con las glándulas, la energía “externa” pasa a formar parte de estos siete niveles de energía que nos pertenecen, y así mismo estos niveles de energía se interrelacionan con el exterior, pasando nuestra identidad personal a formar parte del “todo”, de la energía de los que nos rodean y del exterior en general.

En algunas ocasiones sentimos afinidad y bienestar frente a situaciones concretas, personas, lugares, etc. Y en otras sucede todo lo contrario, sentimos roce, rechazo, malestar, etc. Todo esto no es otra cosa que el reflejo de nuestra vibración individual con la del entorno.

Cuando nos referimos al segundo caso, es decir, cuando vivimos sensaciones de roce, incomodidad, percepción de malestar, etc., si se trata de situaciones o personas concretas, estamos diciendo que hay una falta de sincronía, de afinidad, que impide la fusión de ambas vibraciones; y cuando a lo que nos referimos es a una realidad vital, es decir, algo que nos sucede con la vida, frente a circunstancias concretas (amistades, dinero, amor, etc.), se trata seguramente de un desajuste de los chakras y de bloqueos en el aura.

¡Pero esto se puede corregir! Existe la posibilidad de llegar a conocer esta realidad de la que formamos parte, para llegar a comprendernos e interactuar así con nuestros chakras y nuestra aura. O, como poco, existe la posibilidad, del mismo modo que existen médicos que curan el físico, psicólogos y psiquiatras que curan la mente y las emociones, de curar el cuerpo energético a través de Maestros Sanadores especializados en el manejo de las energías.

Un Maestro Sanador es aquel que ha llegado a adquirir los conocimientos que definen esta realidad y ha sabido lograr el equilibro en sí mismo. De esta forma, puede llegar a canalizar la energía Universal a través de sí, uniendo sus conocimientos a la aplicación de la energía, y de esta forma actúa, en primer lugar, localizando las disfunciones, es decir, bloqueos y desequilibrios, y después aplicando la energía universal o prana, energía inteligente sin cualificar, para desbloquear el aura y los chakras.

Esta labor lleva a que la persona tratada se vea libre de bloqueos vibracionales, de forma que sea su verdadera identidad, sin lastres de traumas, miedos, etc., aquella que dirija los actos de su vida.

Tras este trabajo, la persona tratada queda limpia y viajará por su mundo dentro de la realidad del mismo, siendo quien verdaderamente es, y no dando palos de ciego, tropezando siempre con la misma piedra, que no es otra que la suya propia.

Es imprescindible, por lo tanto, después de todos los campos en los que hemos ido evolucionando a través de nuestra existencia humana, que por fin tomemos contacto con nosotros mismos, con quienes somos en nuestra realidad más genuina. Ya es hora.

Nos concernimos.

 

Graciela Bárbulo


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