Una vida en la yema de los dedos

Una vida en la yema de los dedos

Categoría: Relatos

De nuevo, una noche más, atrapada en el abismo de su mente.  

El pasado, en este presente, configuraba un futuro incierto. El terror se llamaba crisis de pánico. La soledad era frío en los huesos y dolor en las mandíbulas.

Pero había un presente previo, aquel de luz, risas, inconsciencia y logros cumplidos sin duda. Todo era logrado por aquella chica que no dudaba que sería así. Todo. ¿Sería esa la clave? ¿Sería la realización un proceso que se deslizaba ante los sentidos cuando no invadía su fluir el obstáculo de la duda?

¡Cuántas veces había visto tan claro su deseo, sin interferencias! Tantas como lo había logrado convertir en realidad. No había sido consciente, pero ahora advertía que esa era la diferencia entre aquel tiempo y este; esa era la clave.

Así que cogió el portátil y, tal y como estaba la habitación, fría y sin luz, lo puso sobre la manta que cubría sus rodillas mientras se incorporaba colocando un almohadón tras su espalda, y comenzó a escribir.

Estaba claro. Se trataba de buscar un encuentro con la liberación de aquel crudo proceso que estaba viviendo en su mundo emocional. Y, aún más, de provocar un encuentro con una buena entrada a otro mundo maravilloso. Un mundo que pudiera dar soporte a quien se había demostrado tanto tiempo antes que era ella, donde pudiera desplegar sus mejores sonrisas, sus más ardientes vivencias. En fin, donde sentirse viva.

Unas noches atrás se le había ocurrido la idea de desplazar mentalmente la visión de su anhelo actual hacia el pasado, provocar la sensación de que había avanzado en el tiempo respecto del logro, de forma que todo aquello ya habría sido superado, con la finalidad de averiguar qué cambiaría si pudiera realizarse el desenlace. Pero se perdió en la búsqueda de una identidad para posicionarse en el objetivo, y el proceso de visualización se diluyó. Ahora haría lo de siempre, escribir, pero imprimiría a sus textos un único objetivo: una solicitud. Era fácil, como escritora, descubrir lo difícil que resulta seguir un guión, cuando las teclas comienzan a danzar, para plasmar un argumento. Por lo tanto, en este caso sería el propio texto el que se definiera a sí mismo. No había guión, sólo un punto de partida y un final. Ese era todo el esquema con el que contaría aquello que podría convertirse en una novela, un relato o.. ¡quién sabe! Y qué más daba. No iba a ser algo escrito por ella a través de sus manos, sino algo escrito para ella a través de sus manos. Así que, en total oscuridad, con la única luz de la pantalla y la ilusión, los dedos comenzaron a machacar las teclas, una tras otra, a veces más deprisa, a veces a trompicones. Alguna vez, simplemente, parando y regalando a la imaginación una imagen para pedir ayuda.

Todo era perfecto. Un nuevo proyecto. ¿Un texto? ¡No!, una vida. Una vida desde la cual salir de la vida a su tiempo y amablemente.

 

Graciela Bárbulo


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