Siempre y en todo lugar

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Siempre y en todo lugar

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Categoría: Relatos

Se había puesto el vestido rojo, el de la cremallera a la cual él acudía en cada ocasión para subirla desde su cintura hasta el centro de sus omóplatos.

«Yo sé que tú estás aquí conmigo. No sé dónde, dónde es aquí. Pero en los sagrados momentos en que siento tu presencia, me abalanzo suavemente hacia esa sensación. No creas que revivo escenas de otro tiempo. No. Me permito fluir en tus sentidos, que crean, poco a poco, las vivgirl-1141279_1920encias olvidadas, los fragmentos recreados en nuestras palabras sin sonido, antiguas, fabricadas de miradas y caricias.

Entonces, abandono mi presente y me diluyo en la lenta explosión del germinar de esos momentos ya sembrados, y la sensación onírica va dando lugar a la creación de un universo en el que tú y yo somos el eje.

Luego nos adentramos en ese lugar de promesas cumplidas y, dejándonos llevar por sus leyes, nos reencontramos, aportando cada vez un nuevo retazo de realidad, siendo testigos de la fusión sin tiempo en la realización de cada proyecto inacabado…»

Fue inevitable cerrar los sentidos al exterior, y volver a conectar con su esencia y el deseo reprimido de realizar todas las expectativas nacidas de cada momento en que se convertían en Uno.

Tras capear la explosión de su mente inconsciente, viajando en dirección a una realidad que reclamaba pertenecer a un pasado, y al sentir la ausencia de tiempo y la distancia de la vida o la muerte, quedó en silencio, de nuevo, tranquila.

La falda de su vestido desabrochado se derramaba por el sofá, desde su cuerpo tumbado hasta el suelo.

Nada que sentir. Silencio absoluto, paz infinita.

Mas de la nada emergió el reverso del sueño, la pieza que dotaba a su anverso de sentido y lo trasmutaba en algo distinto para luego convertirse, juntos, en un todo.

Y, sin escuchar, oyó su voz, sin mirar vio su sueño y sin sentir percibió su presencia:

«Te espero, amor, en la estación de nuestro sueño que nunca alcancé, mientras construyo, desde este lugar sin espacio ni tiempo, la realidad que quiero vivir de nuevo contigo, para seguir adelante en lo que no te supe prometer, lo que nunca te dije, pero soñaba mientras acariciaba la geografía de tu cuerpo con las manos impregnadas de proyectos.

Quizá las consciencias no lo saben todo, pero la vibración de nuestra piel tiene grabada una historia de amor sin final, sin origen, en dimensiones aún sólo intuidas.

Y tal vez cada historia tenga un final, pero hasta que no resurjan los recuerdos de nuestro tacto, no habrá final para todas sus posibilidades.

Porque yo sé que tú estás siempre conmigo. No sé cuándo, cuándo es siempre. Pero en los sagrados momentos en que sienta tu presencia, me abalanzaré suavemente hacia esa sensación, y viviremos cada final infinito de nuestro relato en un lugar y un tiempo comunes.

Te espero, eternamente, en nuestro onírico mundo…»

En Ciudad Oniria… —pronunció.

De nuevo, silencio. Se incorporó, se frotó los ojos y miró a su alrededor. Nada había cambiado pero todo era distinto. Se puso en pié, subió la cremallera de su vestido, se miró al espejo y se descubrió. Acababa de nacer, pero no era ya la que reflejaba ese espejo.

Se giró, y una sonrisa involuntaria escapó de entre sus labios.

Abrió la puerta y salió de casa, cerrando tras de sí un pasado de inconsciencia y dolor. Y se dirigió a la fiesta.

 

Graciela Bárbulo

Texto seleccionado para formar parte del libro de relatos «Ciudad Oniria»


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